Miércoles, 08 de Octubre de 2008
Juan Navarro | 21/04/2006
Nunca pude imaginar al agacharme en la estación de Harvard Square para coger lo que parecía una entrada para el Boston Garden que ese día sería testigo de algo histórico. Vivía en Boston, estudiaba fotografía en el Boston Art Institute y realizaba mis prácticas en el pabellón de los Celtics, pero aquella tarde no estaba acreditado. Quedé para cenar con unos amigos, un plan que cambié al encontrar el ticket en el metro. No me lo podía creer, pero ese golpe de suerte me permitió ver en directo a los Bulls de Michael Jordan. Sin avisar a nadie, cambié el plan y puse rumbo al Garden.
Una vez allí, me volvió a sonreír la fortuna. Apareció el dueño de la entrada reclamando su sitio, pero me dejaron quedarme de pie en un pasillo. Desde el inicio se vio que era la noche de Jordan: le entraba todo y eclipsó a Bird, que luego le elevó a la categoría de Dios. El 23 estuvo divino. Así lo reconoció el Garden puesto en pie (Standing ovation). Le rindió un tributo merecido porque todos los días no se ve a un genio anotar 63 puntos. 20 años después lo recuerdo como si fuera hoy mismo. Y pensar que todo empezó con un ticket perdido en el metro...
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