Tomas Guasch | 19/11/2006
Me encantaría contestarle que sí, pero aquel entonces hubo mucha gente que ganó, y otra que casi ganó y que también escribió grandes historias. Pero sí, la nuestra fue increíble. A mí me cambió la vida.
Gané viniendo de atrás y me di cuenta de que luchando, con poco se puede conseguir muchísimo.
La confianza que teníamos en nuestras posibilidades; yo no era una cría, tenía 30 años, y no daba crédito a lo que veía. En la Villa Olímpica nos embelesábamos viendo las medallas que iban ganando los demás pues seguían sin hacernos caso. Recuerdo la noche que llegó Moreno, el ciclista, con su oro al cuello. Era sobre la una de la madrugada: "¿La podemos tocar?", le preguntamos. Tuvimos aquella medalla en la mano y nos decíamos: ¿te imaginas que ganamos una? ¡El bronce nos hubiera vuelto locas! Y fuimos oro.
Pasamos fuera de casa más de 165 días. Jugábamos contra quien se pusiera delante: equipos de chicos, de júniors, de veteranos, masculinos, femeninos, ¡lo que fuera! Entre mayo y junio nos recluimos en un hotel de Terrassa y entrenábamos tres veces al día. Recuerdo unas series de 400 metros horrorosas; al final se nos saltaban las lágrimas del cansancio. Y al día siguiente, vuelta a empezar.
Ahora, con Virginia Ramírez, con la que coincidí en la organización del pasado Mundial femenino. Con María Victoria González, la portera, fuimos juntas al colegio; ha sido toda una vida mordiéndonos, peleándonos, llorando y riendo juntas Yo la metí en el hockey. Pero entre todas sabemos que nos tenemos para toda la vida; levanto un teléfono y sé que están ahí.
Todo es mejorable, pero en conjunto el trabajo fue bueno. Yo fui embajadora de la candidatura y quizá lamenté no haberlo sido antes de manera que el mensaje pro Madrid se hubiera desparramado con más tiempo. Tenemos muchísimas grandes figuras, los Gasol, Nadal, Alonso, que deben explicar por ahí las bondades de nuestra opción con tiempo, de manera que los implicados en las distintas votaciones estén empapados de Madrid.
Coe y su gente dieron un mensaje que convenció al Comité Olímpico Internacional (COI); su final fue perfecto pues supieron conectar con quien tiene la llave del éxito: los votantes, los miembros del COI. Hablaron no sólo de recuperar una gran parte de Londres, sino de reflotar el espíritu deportivo de la juventud británica que, como la mayoría, pasa demasiado tiempo delante del ordenador. La idea caló en Singapur, pero Londres se movió muy bien antes, estuvo en los sitios que había que estar. Y sí, a la hora de la verdad, con una exposición clara y virtual, se salieron con la suya con un Sebastian Coe magnífico y un primer ministro, Toni Blair, que realizó setenta y tantas entrevistas personales con miembros del COI y gentes de peso en el mundo olímpico que remataron todo el trabajo.
No estuve en esas interioridades; igual a nuestro presidente hubo que pedirle más implicación, más presencia. Todo lo que vivimos entonces nos servirá de experiencia, claro.
Esto no puede ser flor de un día; me presento, no gano y me retiro. El espíritu olímpico hay que mantenerlo vivo. Además resulta que dar unos Juegos es una tarea cada vez más complicada para el COI que no se puede exponer a ir con la lengua fuera como sucedió en Atenas, aunque al final todo salió bien. Gusta África, claro. Pero de momento el respaldo gubernamental y financiero no está. La situación de Estados Unidos en el mundo es peculiar ahora mismo Y, bueno, Madrid ha mantenido un contacto permanente con el COI; si no tuviera posibilidad alguna de ganar para 2016, nos lo habrían advertido. Y quizá para 2020 habrá más ciudades europeas en la cinta de salida No, no existe razón alguna por la que Madrid no pueda ganar.
Río de Janeiro me preocupa muchísimo; si pasa el corte contará con los votos suramericanos. El año que viene organizará los Juegos Panamericanos y se ha volcado en ellos. También pretenden hacerse con el Mundial de Fútbol de 2014 ¡Ojalá lo consigan pues eso seguramente les apartaría de la carrera olímpica! Y Roma, como rival europeo. Es una gran ciudad y los miembros italianos del COI son tremendos, se mueven de maravilla.
Y en la decisión final, en Copenhague 2009, tampoco contaremos con Pilar de Borbón y Manel Estiarte, que dejaron de ser miembros del COI ni tenemos posibilidad de cubrir esas plazas. Pero tenemos otras contrapartidas como la lucha contra el dopaje que está liderando España. ¡Trabajemos!
Quiero que los Juegos de Madrid sean los de la gente, los de la integración, la multiculturalidad, ¡lo que está siendo ya nuestra vida! Madrid cambiará muchísimo si recupera el río Manzanares, el impulso olímpico alumbrará una ciudad en la que se podrá vivir. Madrid tiene una característica muy suya: la gente de fuera la considera una ciudad fantástica; ahora hay que conseguir que sea una ciudad en la que se pueda vivir bien. Después de tanta obra, el madrileño se lo merece. Y los Juegos serían la guinda del pastel.
¡Ja, ja! Sería un gran golpe, sí. Pero no lo creo. De todas maneras, lo de las obras y sus incomodidades es algo universal. Hace unos días, con motivo de la ejecutiva de la Federación Internacional de Hockey, estuve en Londres y los taxistas, que son un buen gremio si quieres tomarle el pulso a una ciudad, no sienten más que un espíritu y no precisamente el olímpico: el de las obras. ¿Pero cómo haces para que una gran urbe avance?
Sí. La Fundación se ocupará del trabajo en casa, con empresas, instituciones y demás. Mi tarea estará más dirigida a nivel externo, sí.
A partir de junio debemos tener listo el dossier para el primer corte; en septiembre de 2009 llegará la decisión final.
Falta el casi. El estadio olímpico, sin ir más lejos.
Claro. Ese estadio debe servir para algo, para mucho diría mejor, después de los Juegos. Hay que hablar con ellos, llegar a un acuerdo que no va a ser fácil. La posibilidad de jugar durante un tiempo en el Bernabéu no les seduce precisamente.
Exacto. Por eso le digo que hay trabajo por delante.
Barcelona y todas las ciudades que intervinieron en el anterior proyecto quieren seguir con nosotros. ¡Y otras muchas pretenden sumarse! El gancho de los Juegos es único.
Sí. Tras el 92, a Cacho, a Moreno, a los madridistas que conseguimos medalla, el club nos impuso la insignia de oro y brillantes e hicimos un saque de honor.
Me aficionó del todo el Castilla de la Quinta del Buitre. Pero de niña jugaba, en el colegio: nos poníamos el nombre de los jugadores que aparecían en los cromos; yo era Grosso.
Pues sí. Y yo, en mi posición de medio centro en el hockey, tenía mucho de él. Trasplantado el caso al Madrid, yo fui de Fernando Redondo, claro. ¡Cuánto le echamos de menos!
¡Ah Santi, qué jugador! A los chicos se les escapó el Mundial metiendo sólo cuatro de los 24 penaltis que tiraron. Ojo con ellos en Pekín 2008. ¡Y siempre!
¡Ja, ja! Les pasa lo que a nosotras: que tienen que trabajar el doble, porque somos pocas. Pero tenemos a Nuria Camón, la estrella, que cada vez está más centrada; a Silvia Muñoz, la capitana, que tiene el hockey en la sangre y es sensata y magnífica. Está Rosa, la portero ¡Hay equipo!
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