Juan Jiménez | 11/01/2007
Se llama Sergio García y es un diablo. A la sombra de Diego Milito y Ewerthon, cualquier aparición suya es sonada. Como aquel día que le marcó un golazo al Sevilla desde 40 metros. Como ayer en La Rosaleda, donde decidió liquidar la eliminatoria él solito antes incluso de que el Málaga quisiese entrar en ella. Marcó el 0-1 en el minuto 12, e incluso antes había sacado lo mejor de Gotilla con un estupendo remate a la primera. Luego cerró la eliminatoria con una jugada individual donde ninguneó a Romero y definió con la clarividencia que, si hubiese tenido hace unos años, le hubiese permitido, tal vez, no salir del Camp Nou. El 0-3 de Óscar fue la puntilla. Sergio García, lógico, demostró más hambre que el paquete de titulares que Víctor, que no se fiaba del partido, alineó para no cerrar la eliminatoria. Puede decirse que consiguió su objetivo y, además, no castigó en demasía a los suyos para el espectacular compromiso que se le avecina en el Bernabéu. Para el Málaga tampoco resultó un drama perder. Feliz por la continuidad (no certificada en papel aún) de Salva y con la vista en Cádiz, donde se juega media temporada por el valor simbólico del partido, asumió como lógica la derrota y tampoco es que se dejase la vida en el empeño.
La Rosaleda fue un congelador. Especialmente desmotivada por la poca benevolencia del sorteo, dio la espalda al equipo, que tampoco animó especialmente a los que acudieron. De hecho, por momentos jugó con menos intensidad que su rival, toda una paradoja si se advierte que todos sospechaban que el Málaga trataría de equilibrar el partido con raza. El balance ofensivo de los de Muñiz fue de una mediocridad absoluta, con Morales fracasando como ya es habitual y Ristic y Ernesto poniéndole poco más que mucho valor, aunque eso ya se les supone. Así que para el Zaragoza, que jugó con una pierna, con los Militos relajadísimos y los mediocentros suplentes, el partido resultó un paseo. Y por ello se felicitó. Se echaron de menos algunos arreones del Málaga para recordarle al Zaragoza se condición de recién descendido, pero pareció que no interesaba. Pocas veces se habrá visto una asunción tan natural de inferioridad. Sólo Salva, al que el público mostró su agradecimiento por tanta fidelidad, y Jonatan (más de una sospecha que merece más minutos) animaron un poco el cotarro pero sin imaginarse demasiado. En realidad, no parecía haber un desenlace más lógico para el partido que el 0-3. El Zaragoza está destinado a hacer grandes cosas porque todavía le escuece la herida de la final en el Santiago Bernabéu. La Copa siempre le ha sido infiel al Málaga y este año no iba a ser una excepción.
Sergio G.
Demostró hambre de fútbol, hizo dos goles de categoría y se movió con una soltura imponente.
Romero
Lejos de sus mejores días como blanquiazul, le puso casta pero tuvo que marcharse lesionado.
Movilla
Una preciosa vaselina al larguero fue el detalle más emotivo del partido por su pasado blanquiazul.
Morales
Volvió a pagar su mediocridad futbolística con el rival. Luego se encaró con su compañero Silva.
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