Juan M. Merino | 12/09/2006
Otra vez cambió de opinión. Pese a que el viernes, cuando los periodistas le preguntábamos si iba a dimitir, nos respondía con otra pregunta ("¿es que acaso vosotros os vais de vuestro trabajo?") y pese a que, una y otra vez insistió, con la clara intención de forzar el titular, que Villar no le había recibido "porque me han dicho que tenía otras cosas más urgentes que hacer", se queda. Luis se presentó ayer por la mañana en la Federación Española de Fútbol para comunicar a sus interlocutores, Ángel María Villar, presidente, y Jorge Pérez, secretario general, que se marchaba. Pero no coló el farol.
La FEF, pese a que ha perdido toda la confianza en su seleccionador, sabe que si él toma la decisión el despido le saldrá mucho más barato y que no le interesa quemar al sustituto que ya han buscado (como adelantó AS el pasado viernes el hombre con el que ha contactado Villar es Miguel Ángel Lotina) antes del partido contra Suecia. Por eso le respondió con una carta parecida: "Confiamos en ti, no hay motivos para que te marches". La conversación duró alrededor de 40 minutos. A partir de ahí, se preparó la consiguiente puesta en escena. El Sabio buscaba culpables para justificar la dimisión, "ya la he presentado, que es lo que queríais", y decía que se iba a tomar 48 horas para reflexionar. Mientras, el portavoz de la junta directiva de la FEF, Jorge Carretero, insistía en que gozaba de toda la confianza de la institución. Sobre las 19:00, en una llamada telefónica a Jorge Pérez, comunicaba su continuidad.
No tiene nada que ver la indemnización de un entrenador de club con la de un seleccionador. Desde el despido de Luis Suárez, éstos son considerados trabajadores de alta dirección, estrechamente ligados a una relación de confianza con el presidente, por lo que sólo perciben el equivalente a siete días de salario por año más las primas que hayan recibido en la temporada en curso. Tienen que ser preavisados con tres meses de antelación, que tendrán que ser abonados en caso de que la parte contratante no cumpla con este requisito.
Pero todo esto queda supeditado a que el trabajador sea despedido. De ahí la importancia que tiene para Luis, desde un punto de vista económico, su continuidad, aunque sólo sea para defender en los juzgados de lo Social la indemnización de un contrato de 1,2 millones de euros que, pese a no estar firmado, queda automáticamente renovado por el mero hecho de haber continuado en sus funciones desde que terminó el Mundial.
Una de las razones esgrimidas por el seleccionador tras su último cambio de opinión fue que su continuidad se debía a una última consulta que había hecho a sus colaboradores, Paredes, Ufarte y Mendiondo. Precisamente, la relación de éstos, y la del propio seleccionador, con la del resto de técnicos de la casa, Sáez, Santisteban y Meléndez, son bastante malas. El viernes se produjeron momentos de tensión en la Ciudad del Fútbol al tener Luis conocimiento de que el propio Iñaki Sáez, también con el respaldo del tesorero, Juan Larrea, había promovido ante el presidente su sustitución por Lotina. Un ambiente muy distante al clima de sosiego que demandó el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, a su salida de un seminario sobre dopaje organizado en la propia FEF: "Hay que tener tranquilidad y ver si se logra la clasificación".
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