Andrés Gutiérrez | 26/11/2006
Mateu Lahoz se encargó ayer de animar un partido que no tenía más historia a diez minutos del final. El encuentro no estaba siendo más bronco que cualquiera de Segunda. Es más, esos 80 minutos discurrieron como el típico partido aburrido de los sábados a las seis de la tarde. Pero el valenciano se empeñó en hacerlo divertido.
Analizándolo tranquilamente, en un momento dado podría decirse que cada una de las expulsiones fue justa. Pero no. Seis tarjetas rojas siempre resultan excesivas, a no ser que el terreno de juego se hubiese convertido en un improvisado ring de vale-tudo, que tampoco. Y es que muy mal lo tuvo que hacer para que tanto el Almería como el Xerez se hayan quejado. El primero por haber desquiciado a los suyos cuando tenían los tres puntos en el bolsillo; y el segundo por dejarle con diez cuando más apretaba y encabronar a su entrenador.
Todo esto no pasaría de la habitual queja post-partido si el propio Mateu Lahoz no fuera reincidente con el Almería. En la segunda jornada de Liga, el conjunto albirrojo abandonaba La Condomina sin puntuar, terminando el partido con ocho y con medio banquillo también expulsado. Siendo así, se puede decir que el Almería ya tiene a su asesino en serie particular.
Lo que realmente saca de quicio a los almerienses es que el partido lo tenían controlado a la perfección. Hasta ese minuto 80, el líder nunca pareció tal e incluso parecía haber arrojado la toalla antes de tiempo. Los de Unai Emery comenzaron arrollando desde el primer minuto y el Xerez no veía por dónde les entraban. Crusat era un puñal por su banda y Acasiete se encargaba de neutralizar cada intento de acercamiento de Yordi o Camuñas.
Es por ello que sólo bastaron 25 minutos para que el interior zurdo fusilara a Julio Iglesias en uno de los ataques del Almería. Parecía el primero de unos cuantos, ya que el Xerez dejó su imagen de líder a un lado y, para sorpresa de muchos esta temporada, adoleció de profundidad y solidez sobre el campo. Quizás se equivocaba Murcia al dejar a Jorge Luque y Álex Geijo en el banquillo, porque fueron ambos los que se inventaron la última jugada del encuentro que sirvió para que el líder diera su última bocanada de aire antes de desfallecer.
Westerveld derribó al mediocentro xerecista en el 94' y arrancó un punto de nadie sabe dónde. Es lo que tiene ser líder y el mejor de la categoría, podrían decir. Pero no se puede ocultar el maltrato psicológico, de esquizofrénico, al que fue sometido el Almería por parte de Mateu Lahoz. Si bien puede parecer que las expulsiones fueron justas en mayor o menor medida, ver cómo se desmorona un equipo así sólo tiene una explicación. La que otorga un brazo ejecutor.
Jorge Luque.
Dio al Xerez la profundidad en ataque que necesitaba. Provocó el penalti y luego lo materializó.
M. Lahoz.
El colegiado valenciano desquició a los dos equipos con su actitud y sus numerosas expulsiones.
Crusat.
El interior zurdo fue una pesadilla por su banda y marcó un golazo de tiro cruzado sobre Rouget.
De Coz.
El lateral xerecista hizo un par de entradas feas que le costaron las dos cartulinas amarillas.
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