Damià Vidagany | 03/09/2007
Así el Valencia no va a ninguna parte, pero desde la estabilidad que da el triunfo es mejor encontrar el camino correcto. Dejó sensaciones preocupantes, demostrando que atraviesa por un delicado momento de juego. Hizo dos goles en sólo tres tiros a puerta y la mayor parte del partido fue a remolque de un Almería organizado, chispeante y veloz. Le rescató, al equipo de Quique, la dupla de Moros que tiene en su plantilla -Morientes y Moretti- con dos estocadas aisladas, que no deben ocultar la realidad. Comparten apelativo y ayer compartieron la condición de héroes. Especial mérito tuvo el de Sonseca, que enchufó la primera pelota que le llegó en condiciones, tras pasarse la primera parte persiguiendo melones y defendiendo como si fuera un perro de presa. No desesperó, ni se fue del partido. La (única) arrancada de Rubén Baraja le dejó en la frontal del área en buena posición. Y ahí, Fernando es letal. Gracias a él por no dejarse este deporte tras la paliza de ayer.
Hasta ese fogonazo, la marea del Almería había barrido al transatlántico valenciano. Emery leyó el partido con habilidad y su equipo asfixió de salida al equipo naranja. Corona, poseído por Messi, pudo marcar con un tiro que astilló el larguero. Crusat volvía loca la colocación de la retaguardia visitante y Bruno parecía Cafú, ante la mala tarde de Mata. El joven extremo no se encontró a gusto nunca, fallando controles impropios de su calidad técnica y fue superado por la presión rojiblanca. No debe hundirse, pero ya sabe que ahora está entre hombres.
Desgañitado. No fue casual la constante búsqueda de las cámaras a la desencajada cara de Cañizares. Desgañitado, casi grotesco, pidiendo concentración a sus compañeros. No es para menos, porque Negredo remató sólo para empatar el partido. El Valencia cimentó su grandeza alcanzando la perfección defensiva, ésa que desesperaba a los rivales incapaces ni de vislumbrar la portería. Una virtud, por lo visto, que sigue de vacaciones.
Con la igualada, Quique tenía un problema gordo. Había amarrado, con Baraja sustituido por Marchena, y estaba en un aprieto. Casualidad o no, el técnico movió ficha con Arizmendi y envió a Angulo a la izquierda. Una falta al asturiano y sacada por él mismo, peinada por el punta, provocó el gol de Moretti. Al italiano, el gol le hace justicia: es un ejemplo de profesionalidad y esfuerzo. Aunque de justicia no se quiere escuchar nada en Almería. Su equipo volvió a Primera, 26 años después, y sufrió un golpe bajo. Deben estar orgullosos y aprender la lección. Esto es la elite y de merecimientos no se vive. Se vive de eficacia y oficio, esa que sí tuvo el Valencia de los Moros.
Morientes
Hizo lo que mejor sabe: marcar un gol en el primer balón que le cayó en condiciones. Abrió el triunfo.
Mata
No tuvo su tarde. No fue capaz de crear mucho peligro y también le costó tapar al lateral Bruno.
Corona
Estrelló un balón en el larguero después de una gran acción individual, en la que se fue de varios rivales.
Marchena
El sevillano entró muy acelerado. Pronto vio la amarilla y rozó la roja con otro par de duras entradas.
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NOTICIA: La opinión de los entrenadores
IMAGEN: Morientes
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