Iñako Díaz-Guerra | 10/01/2007
La convivencia prolongada es peligrosísima. Poco a poco, la rutina devora virtudes y expone defectos hasta alcanzar un punto en el que nadie lograría superar tan parcial escrutinio. Y de repente, un buen día miras a tu novia y recuerdas lo guapa que es, que siempre fue. El riesgo es tardar demasiado y que otro más espabilado aproveche tu ceguera. Ayer Fernando Torres dio un recordatorio de esto a aquellos que, tal vez cansados de verle, han utilizado esta mala racha para sacar la artillería. No será Van Basten, pero es un delantero fabuloso.
Cuando el Atlético deambulaba como alma en pena, con sólo diez jugadores y sin fe para remontar el 0-1 de Osasuna, el Niño se inventó un golazo y, de repente, fue como si hubiéramos tomado la pastilla roja de Matrix: lo recordamos todo de golpe. Su buen Mundial, los partidos que ya ha decidido en este gris año y los incontables que rescató en los anteriores. En un cambio de juego de Perea (notable como lateral derecho), Torres bajó la pelota en la esquina del área como si fuera de playa y la colocó en la escuadra opuesta con un toque perfecto. Control y remate, sus teóricas debilidades. Tiene 22 años y siempre aprendió rápido.
Hasta entonces, el Atlético seguía con su tradicional esperpento en el Calderón. Desde mi adolescencia no recuerdo a nadie con tantas ganas de estar fuera de casa. Tampoco es que ayer intimidase el ambiente, con sólo 8.000 fieles kamikazes muertos de frío en la grada. El empeño del Atlético en cobrar a los abonados en la Copa es un misterio incomprensible. Lo mismo el club tiene a un árbitro tomando decisiones.
Porque lo de Iturralde fue otra demostración de cómo no entender nada de lo que pasa a tu alrededor, cual Paco Martínez Soria en la gran ciudad. Ni siquiera necesitó la ayuda de Rafa. Y eso que la única decisión acertada que tomó fue la más importante: expulsar a Pablo por una absurda entrada por detrás a Webó. Cruce de cables total, ya que la jugada no tenía peligro, pudo lesionar al camerunés y el manchego rara vez pega una patada. Lo dicho, el Manzanares les enloquece.
Bastó ver el 0-1 para darse cuenta. Osasuna sacó el peor córner de la historia, dejando la pelota a 10 metros del área, pero el Atleti fue incapaz de despejar la pelota, que fue rebotando por allí hasta que Webó marcó a placer mientras media docena de rojiblancos levantaban la mano. Pedirían un taxi, porque de fuera de juego, nada.
A partir de ahí, Osasuna jugó a placer, con Nekounam liderando un rondito. Resulta estremecedor para el Atleti que Ziganda asegurase que fue su peor partido en siglos, me temo que si el Cuco visitara el Calderón cada quince días cambiarían sus conceptos del bien y el mal. Y tal vez se cansase de ver a Torres. Hasta que un día recordase que el Niño siempre vuelve.
Torres
Lo intentó sin suerte hasta que convirtió un balón inocuo en un golazo que dio vida a un Atleti con diez.
Mista
Jugó fuera de posición, alejado del gol, y se le notó desorientado. En su única ocasión, falló el remate.
Nekounam
El iraní le recordó a Aguirre que tener un mediocentro de talento no es un lujo, es una necesidad.
Pablo
Realizó una dura e innecesaria entrada por detrás en mediocampo a Webó que le costó la roja directa.
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