Iñako Díaz-Guerra | 16/04/2007
Podría hablarles muy poco de fútbol y mucho de Torres, pero eso lo he hecho tantas veces en los últimos años que empieza a ser aburrido. Así que iremos a los fríos hechos y luego les contaré un par de cuentos muy ilustrativos de este soporífero Atleti-Levante.
Ganaron los rojiblancos porque son mejores y, sobre todo, gracias a que el Niño sigue enfrascado en su cruzada personal por meterse en la Champions guste o no a sus compañeros. Y a menudo parece que no les gusta. Pero da igual, golazo del capitán, tres puntos y Europa cada vez más cerca. Eso sí, la grada, tan repleta como harta, silbó sin cesar. Por algo será.
Perdió el Levante porque es inferior y cae a la tenebrosa zona de descenso. Fue más valiente de lo que su desagradable situación hace suponer. Defensa adelantada tirando con temerario acierto el fuera de juego y presión incansable a la torpe salida del balón rival. Pero a Abel le derribó el talento del que él carece, la imparable fuerza de la naturaleza que es el actual Torres. Eso sí, intuyo que la afición granota no hubiera silbado ayer a los suyos. Por algo será.
Un médico hindú de la secta sikh, que jamás se afeitan la barba, se enamoró de una enfermera inglesa que le rechazó alegando que no le gustaba tanto pelo. Él explicó que era su fe, sus principios, su esencia, pero, desesperado, se afeitó y ella le espetó: "Ahora sí que no, no tienes tradición, no tienes principios, no tienes nada". Al día siguiente, un amigo le dijo: "Es como la fábula de Esopo del león enamorado de la chica que se lima las uñas y los dientes y ella le rechaza alegando que antes era un león y que ya no es nadie". El hindú, desconsolado, responde: "Vaya, eso se escribió hace al menos dos mil años y tú me lo cuentas 24 horas tarde". Aguirre tuvo suerte y alguien se lo contó en el vestuario, 45 minutos pronto.
Porque, una vez más, el mexicano arrancó renunciando a la naturaleza del gran club al que entrena y del fútbol en sí mismo: buscar el gol, salir a ganar, nimiedades, vaya. Luccin se lesionó en el calentamiento, dejando dos opciones al técnico: situar a Jurado junto a Gabi para tener creatividad en la media en un partido en casa, ante un rival de la zona baja y cuando sólo servía la victoria, o poner a Costinha para destruir no se sabe muy bien el qué. Sin titubear, apostó por el portugués y la primera parte fue un desastre.
Sólo un error defensivo y una genialidad de Torres, ya casi en el descanso, hicieron temblar a todo el Levante. Menos a Molina, aún una garantía, que frustró a Galletti y Mista. Entre medias, una embestida de Salva, en su línea de velocidad sin control, hizo que el Calderón se callase unos segundos. Así que en el descanso alguien le contó la historieta a Aguirre y éste metió a Agüero por Costinha, bajando Jurado al doble pivote y el omnipresente Mista a la izquierda.
Derechazo. Ahí ganó el partido el Atleti, que salió en tromba y, al fin, jugó a algo parecido al fútbol. Torres avisó dos veces y picó a la tercera. Mista, listísimo, aprovechó un error defensivo para ceder en la frontal al Niño, que la pegó con una violencia en él desconocida. Un nuevo recurso en su repertorio.
Un mercader de Bagdad envió a su criado al mercado y éste regresó pálido: "Señor, he chocado con una mujer y al girarme vi que era la Muerte. Me miró y me hizo un gesto amenazador. Déjeme su caballo que huya lejos, a Samarra, para evitar mi destino". Así lo hizo y, al rato, el mercader fue a comprar y al ver a la Muerte le preguntó por qué había amenazado a su criado. "No quise asustarle, fue un gesto de sorpresa. Me extrañó verle aquí, porque tengo esta noche una cita con él. En Samarra". A Abel nadie le contó esta fábula, así que se empeñó en luchar contra su destino y fracasó. Pero con dignidad.
Metió a Riga, que resucitó al equipo, y rondó el empate, sobre todo cuando Kapo rozó el palo en el 90'. Pero todo estaba escrito, parece ser. Aguirre encontró por casualidad sus garras y Abel chocó injustamente con la Muerte. ¿Cuál es la moraleja de todo esto? Que este Atleti da para escribir un libro pero a duras penas una crónica de fútbol. Salvo por Torres, claro.
El detalle: Aguirre fue expulsado por el colegiado
En la recta final del partido, Aguirre fue expulsado por segunda vez esta temporada. La última fue en Pamplona, en Liga, ante su ex equipo. En esta ocasión, el colegiado Texeira Vitinies expulsó al técnico mexicano cuando faltaban doce minutos de tiempo reglamentario. La razón fue que Aguirre protestó una decisión del árbitro cuando pitó una falta en ataque de Mista.
Torres
Le dio el gol al Zaragoza, fuera suyo o de Diego Milito. Y desequilibró siempre al Barcelona.
Costinha
En un partido donde el balón iba a ser del Atlético su presencia no tenía sentido. Aguirre no lo vio y él lo pagó.
Riga
Su entrada resucitó al Levante que rozó el empate en jugadas que nacieron siempre en su banda derecha.
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En una tarde plácida, sin ninguna entrada dura, el capitán levantinista abusó de las faltas tácticas.
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