Jose L. Artetxe | 11/12/2006
Algún día tenía que ser. No es normal que el Athletic, por muy flojo que ande, sea incapaz de rentabilizar el factor campo durante tantas jornadas. De hecho, sólo había un antecedente peor en su dilatada andadura por la Liga en este aspecto. A la séptima logró el ansiado triunfo y coincidió con una tarde de las de antes, fría y con sirimiri. Esa caída fina, incesante y en ocasiones imperceptible a la vista del agua del cielo, tan característica del invierno bilbaíno, quiso estar presente y completar el decorado de la resurrección del equipo ante su paciente hinchada. Llovió mucho, pero a nadie le importó mojarse porque los goles regresaron para reconfortar a un conjunto enemistado con la fortuna y metido en graves aprietos clasificatorios.
Tenía el equipo de Mané el reto de romper la racha de decepciones en casa, pues se exponía a hundirse en el fango y comprometer muy seriamente su futuro. El entrenador había diseñado un once competitivo, el único posible, dado que incluía a todo lo que le quedaba después de la sucesión de reveses que, en forma de sanciones y lesiones, viene castigando a los rojiblancos desde el verano. Basta decir que el banquillo era lo más parecido a una guardería, la relación de suplentes sonaba más a Bilbao Athletic que a Primera División. Y más que la identidad de los titulares, lo que marcó el devenir del encuentro fue la disposición del bloque, cuyo ahínco resultó modélico.
Un nuevo revés hubiese tenido unas consecuencias que es mejor no ponerse a desgranar. Aparte de la concienciación de los futbolistas, otras veces observada, es evidente que alguien ha dado con una tecla que permanecía inédita. Y ese alguien luce bigote.
Cabía esperar que el despertar se produjese en cualquier partido, no ha estado lejos en varios. Vamos, lo dicho, que algún día tenía que ser, pero lo que no se podía creer es que fuese tan espectacular. El Athletic no sólo se desperezó, sino que metió al partido una tralla propia de otras épocas. Agarró al Recreativo por el cuello, lo zarandeó sin piedad y no soltó la presa ni cuando adquirió una ventaja sustancial que puso a La Catedral bailando. El Athletic, apoyado en la gigantesca figura de Ismael Urzaiz, se merendó al Recreativo.
"Ha sido un partido muy intenso. Había ganas de quitarse el aspecto negativo. Ha sido un triunfo merecido y celebrado. Quiero que nos salvemos de manera holgada, pero la historia se escribirá cada semana. Hemos roto el sistema defensivo del Recreativo y su presión zonal con balones largos y diagonales que les ha hecho daño. Con el resultado a favor hemos podido jugar de otro modo. Un partido inteligente".
"Nos ha faltado intensidad, agresividad y lo mínimo para jugar un partido. Cuando no vas al mismo ritmo que el rival y llegas tarde te meten goles uno tras otro. El Athletic, independientemente de lo que haya hecho, seguro que ha sido su primera victoria porque nunca lo ha tenido tan fácil. Tampoco creo que hizo muchas cosas para meternos cuatro goles. En el primer tiempo ha quedado sentenciado. Tenemos mucha culpa".
El detalle: Precedente de hace diez años
El Athletic se retiró en San Mamés al descanso con tres goles a favor. El precedente tuvo lugar el 27 de octubre de 1996, en un Athletic-Logroñés que acabó 6-0. En la primera mitad, los rojiblancos adquirieron ventaja con los goles de Guerrero (2), Etxeberria y Ziganda.
L. Vallejo
Recibió cuatro goles, dos de auténtica mala suerte, y sin embargo hizo varias paradas.
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