J. L. Artetxe | 22/09/2006
El silencio institucional en el Athletic se mantiene, aunque no quepa hablar de hermetismo ni de discreción, precisamente. La calle continúa aguardando la resolución de la directiva y será el lunes cuando de una vez por todas se decida y se comunique cómo queda el club, en qué manos y hasta qué fecha. El primer día de la próxima semana es cuando la junta volverá a encerrarse en Ibaigane con la idea de acordar el posicionamiento oficial que, se supone, hará público sin más dilación.
La resolución está cantada, a no ser que a última hora se registre un volantazo por parte de Fernando Lamikiz, pues la amplia mayoría de su junta parece que tiene ya consensuada la fórmula que establecerá el punto final de su gestión y favorecerá el relevo en los despachos de Ibaigane.
La posibilidad de convocar elecciones de inmediato, una vez celebrada la asamblea general ordinaria del miércoles 27, no tiene apoyos en el seno de la junta. Es una alternativa que sí se barajó, pero que finalmente no ha cuajado.
Los directivos estiman que sería muy arriesgado embarcar ahora al club en un proceso electoral, sobre todo porque salpicaría de lleno al primer equipo, aunque también podría dificultar que se culminasen diferentes operaciones iniciadas en otros ámbitos. De ahí que se inclinen por llamar a las urnas coincidiendo con el final de la temporada.
Esto implica que la mayoría de la directiva permanecería en sus puestos, con Ana Urkijo ejerciendo de presidente en funciones. Habría varias ausencias significativas en el grupo, cuya despedida se produciría una vez pasada la asamblea de socios compromisarios, junto a la del presidente, por supuesto.
Esta es la idea que bulle en sus cabezas, sólo faltaría concretar algunos detalles y, claro, que Lamikiz se mantuviese de acuerdo, como ya ocurriera en las reuniones que siguieron al desagradable episodio vivido en San Mamés con motivo de la visita del Atlético de Madrid.
Desde entonces, todo el debate de los directivos ha estado enfocado a darle forma a lo que la afición les demandó. El mensaje fue inequívoco y, de alguna manera, se veía venir, era una mera cuestión de tiempo. Los malos resultados del equipo en el arranque liguero precipitaron los acontecimientos. Ha llegado a su fin el tiempo de Lamikiz, que se irá tras la asamblea. Y en verano, nuevas elecciones.
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