Sevilla asistió con exquisito respeto y admiración a la presentación oficial del Unicaja como nuevo ogro de la Liga. Ninguneado por los técnicos, que ni le consideraron en la encuesta previa al arranque de la ACB como posible candidato, ha tardado dos partidos en llamar a la puerta y cuestionar seriamente el conocimiento general de los entrenadores antes del inicio de la competición. Unicaja, que ya es líder para más información, barrió al Cajasol, equipo esforzado que irá a más porque tiene una batería de jugadores competente (Ignerski, Carter, Ellis) y un viejo rockero que adora el baloncesto, Elmer Bennett, que apura sus días en Sevilla. Pero lo del Unicaja en el Polígono fue una sinfonía. El baloncesto, lo sabe mejor Comas que nadie que para eso estudió la carrera, es Química. Y en Unicaja se ve. Armónico en defensa, comprometido, hambriento, se ha rebelado en sólo dos partidos como un equipo de verdad, que transmite tanta ilusión que asusta.
Ayer tardó 15 minutos en resolver un partido que sobre el papel sería sufrido, y no parece que el Cajasol fuese responsable. Al principio, exigió lo suyo del Unicaja, le defendió bien y circuló con cierta fluidez en ataque, pero le fallaron las flechas de Pecile, Bennett e Ignerski, demasiado desacierto en tanto talento. Y entonces sólo le queda Ellis, también missing anoche. Al Cajasol le entró pronto el desánimo, Comas se cruzó de brazos y no tuvo fuerzas para dar la vuelta al asunto. Su batalla está un escalón por debajo, pero no tendría que quedarse con el cuerpo cortado. Fue mérito del Unicaja, que jugó de clínic. La afición de Málaga lo vio como en la ópera. Nada de botes, silencio, se rueda.