Miércoles, 10 de Febrero de 2010




5 comentarios Chema Bermejo | 28/06/2009
Hay que ver. En el Tour del Centenario nos reunieron a todos los vencedores de la carrera que aún vivíamos y sólo hay uno que es mayor que yo, el suizo Kübler, que tiene nueve años más.
Eso es. El 9 de julio. Justo el día en que el Tour llega a Barcelona. Allí estaré. Dos días antes me dan un homenaje en Barcelona. 81 años, el 81 fue el dorsal que llevé en el Tour de 1959. ¡Qué casualidades tiene la vida!
Sí. Yo le dije a Dalmacio Langarica, el seleccionador, que tenía que elegir entre Loroño y yo, que los dos no podíamos ir en el mismo equipo. Me eligió a mí y se armó una buena en la sede de la Federación Española, en la calle Barquillo de Madrid. Un amigo de Loroño le llamó "antivasco" y Langarica le pegó un puñetazo y se rompió el dedo corazón. A Loroño le multaron y le sancionaron con dos meses por aquel incidente.
Porque si yo atacaba, él era el primero en saltar a por mí. Y no era el único. Sus consejeros les calentaban la cabeza. Les convencían que eran mejores que yo. Así no podíamos ir a ningún lado. Los franceses se reían de nosotros.
Y parece que acertó, ¿no? No fue fácil para él. Le rompieron las lunas de su tienda en Bilbao y escupieron a su mujer por la calle. Pero tuvo las cosas claras. Yo pude ganar algún Tour más si los directores de mis equipos hubieran confiado en mí como Langarica. Pero con Luis Puig siempre salíamos tres líderes: Loroño, Botella y yo. Y después, el Tour se corrió por marcas comerciales, yo estaba en un equipo francés y corría con siete ciclistas del país y dos españoles. Los franceses se acababan retirando casi todos. Sólo podía contar con la ayuda de Otaño y de Campillo. Los Tres Mosqueteros nos llamaba la prensa francesa.
Por selecciones. Sobre todo para el aficionado, lo vive mucho más, como pasa con el fútbol.
¡Y tanto! Ni el Papa, ni Franco, tuvieron un recibimiento como el que tuve yo en Toledo. Fue una de las pocas veces que abrieron la Puerta de la Bisagra. Estaba todo a reventar. Había 14 bandas de música. Para llegar desde Madrid tardamos unas cinco horas. Se formó una caravana de dos kilómetros de coches y bicis acompañándome.
Porque tenía que correr los critériums. Yo dejé todo el dinero en premios que gané para mis compañeros de equipo, porque luego iba a hacer mi agosto en los critériums. Por entonces en Francia había una locura esas pruebas. Era como las corridas de toros en España. Había uno cada día. A veces corrimos dos, uno por la mañana y otro por la noche en un velódromo. Sólo hubo un día que no corrí, en Reims, porque sólo querían corredores franceses. Y me pagaban 25.000 pesetas por cada critérium. Eso era un dineral y no voy a ocultar que me hacía falta. En realidad, yo me hice ciclista gracias al hambre.
Cierto. Por la mañana trabajaba en el mercado descargando camiones y también llevaba provisiones en una carretilla. Hasta 150 kilos en un viaje. Luego cogía la bici y me iba todos los días por los pueblos de estraperlo. Compraba garbanzos, harina y otras cosas y luego las vendía más caras en Toledo. Volvía con 50 kilos a pleno sol y una bici que pesaba 17 kilos. Por eso nunca me importó el calor. En el Tour de 1959 hubo etapas de mucho sol y eso me ayudó.
A los 17 años. Me encontré con dos amigos que iban a participar en una carrera en Toledo. Me dije, a esos les gano yo. Ataqué nada más darse la salida y llegué con cinco minutos de ventaja sobre el segundo.
¡Ja, ja, ja! Tenía un gran entrenamiento sí. Aquello fue el principio. Poco después me apunté en la Vuelta a Ávila, gané dos etapas y la Montaña. Me llevé 1.800 pesetas en ocho días cuando, segando durante todo el verano, ganaba 700 pesetas. Le dije a mi padre que lo de segar se acabó, que me iba a dedicar al ciclismo, aunque sí seguí un tiempo trabajando en el mercado.
Me lo puso Jacques Goddet, el que fuera durante mucho tiempo director del Tour de Francia. Le gustaba mucho mi forma de correr. En las etapas de montaña se subía en una moto para verme mejor. Una vez escribió en L'Equipe que yo escalaba a tumba abierta.
FOTOGALERÍA - diario as - 04/07/2009
DOBLETE. Dos años después de su primer triunfo en el Tour de Francia, Alberto Contador volvió a los más alto del podio de los Campos Elíseos para recoger el título de número uno de la 96 edición, la que coloca al ciclista español en el palmarés con dos victorias al lado de nombres ilustres como Gino Bartali, Fausto Coppi, Bernard Thevenet o Laurent Fignon.
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