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Domingo, 27 de Mayo de 2012

Ciclismo | Tour de Francia

Sólo para valientes

Evans y Menchov, favoritos oficiales a la espera de los Alpes

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Juanma Trueba | 16/07/2008

Observen al líder. Es víctima de los posados del día de descanso. Y quizá pudo ser peor. Tal vez le ofrecieron retratarse con la boina de los pintores de Montmartre o con un acordeón y un bigote, o con el sombrero emplumado de D'Artagnan. Evans sonríe, pese a todo. Aunque le aúpa un solo segundo. Aunque no tiene equipo. Aunque le atacarán todos y el croissant engorda.

Corre parecido, pero no es Lemond. Cuando el americano optó por esa estrategia ya tenía un Tour en el palmarés y un tiro en el lomo, 30 perdigones repartidos por el diafragma, el accidente fortuito de una cacería donde la perdiz fue él. Con ese plomo ganó otras dos veces. Chuparruedas, decíamos. Y era tragasables.

Evans es distinto: tolera mal el protagonismo. Dicen que se estresa. Fue líder del Giro en 2002 y reventó a falta de cuatro días, víctima de una pájara fabulosa que le hizo perder 17 minutos. Esa sombra le persigue. Desde entonces se ha preparado para esto, lento, precavido, siguiendo el principio de correr rápido y vivir despacio. Ahora media Australia trasnocha para seguir sus aventuras. Y eso pesa más que 30 perdigones.

Menchov, que es ruso de Pamplona, se fotografió junto a un póster que le descubre triunfante. Es un truco. Los ciclistas parecen menos fieros sin casco, más jóvenes sin maillot, escuálidos, muchachos con carencia de guisos. Menchov asusta al pelotón, aunque por detrás siempre hay alguien, malvado, que susurra que la Vuelta no es el Tour.

Ambos son más humanos de lo que acostumbran los campeones, pero pocos dudan de que si la carrera transcurre con normalidad Evans y Menchov se jugarán la victoria final en la contrarreloj del penúltimo día, 53 kilómetros. De manera que el objetivo de los demás ciclistas debe ser que la carrera no transcurra con normalidad. Ya no existen escapatorias. Quienes pretendan ganar el Tour, al margen de los dos favoritos oficiales, están obligados a provocar una situación de carrera imprevista y estratégica. Un escenario donde no importen las fuerzas, sino el plan. Una emboscada.

Claro que eso no resulta fácil con los locutores de Radio Pinganillo. La mayoría de los directores son irritantemente conservadores; se empiezan conformando con el podio y terminan por contentarse con la clasificación por equipos. Eusebio Unzué, por ejemplo, se ha descartado para la general, como si sólo fuera posible navegar con el viento a favor, como si no quedaran montañas, curvas, peligros, como si no le quedara talento, furia, Valverde, Pereiro.

Ambición.

Es fundamental ser valiente para ser ambicioso. Es primordial fijar los enemigos. Y en eso han fallado los que ahora persiguen. Menchov salvó el cuello después de un abanico y Evans superó sin ataques aquella etapa que corrió con la puñalada de una caída.

Sastre y el CSC deben entender que no tienen más rivales que Evans y Menchov, que el resto son aliados. De modo que controlar a Riccó o vigilar las fugas en las que participen el Saunier y el Caisse d'Epargne será desempeñar el trabajo que corresponde a sus adversarios. Que los minen así, por insistencia y complot. Que ataquen la debilidad de sus equipos para que Evans y Menchov tengan que pensar, que exponerse.

Saunier también debe aceptar la oportunidad de la victoria total y convencer a Riccó. Le ayudarán los tifosi que llenarán las cunetas de las dos etapas alpinas que circularán por Italia. El resto lo hará el Alpe d'Huez.

Aquí no hay extraterrestres ni astrounautas, sólo ciclistas que se equiparan en fortalezas y debilidades. Únicamente los diferencia el valor. El propio y el de sus directores.

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