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Da la sensación que cuando el estadounidense Dwight
F. Davis, en 1899, creó la competición
que hoy en día sigue llevando su nombre, lo hacía
para que EE.UU. dominase en el palmarés. Porque en
la actualidad, más de un siglo después, son
los estadounidenses los reyes del torneo. En treinta y una
ocasiones han levantado la "Ensaladera de Plata",
trofeo que en su primera edición fue comprado precisamente
por Davis. Gran Bretaña, en cambio, con la que EE.UU.
se enfrentó en las tres primeras ediciones sin suerte,
no ha sido capaz de mantener el pulso. Es en la actualidad
Australia la que sigue de cerca a los norteamericanos en el
palmarés con 28 victorias.
Desde su primera edición, en 1900, la Copa Davis se
ha disputado con diferentes sistemas de competición.
Hasta 1971, el vigente campeón sólo se jugaba
su título en la final, en su casa y eligiendo superficie.
Tras ese año, el vencedor comenzó a entrar en
competición desde la primera ronda. Hoy en día,
sólo 16 equipos participan en el tramo final, si bien,
hay 130 países que aspiran a entrar en esa división
de honor (grupo mundial) algún día.
No fue hasta aproximadamente la mitad del pasado siglo cuando
en el Olimpo de los Dioses (EEUU, Gran Bretaña, Australia
y Francia) osaron entrar otros países.
Por fin ganó España
Los españoles supieron de la existencia de la Copa
Davis gracias a las meritorias actuaciones de Manolo Santana
y Manuel Orantes. Los mosqueteros de la raqueta sentaron
frente al televisor a media España, un país
en el que deporte era sinónimo de fútbol, al
alcanzar dos finales casi consecutivas en la década
de los sesenta (1965 y 1967). Pero sucumbieron frente a la
todopoderosa selección aussie de J. Newcombe, R. Emerson
y compañía, que les llevó a jugar sobre
hierba.
Con el despegue económico y el estado del bienestar
España se convierte en una fábrica de tenistas
con epicentro en Barcelona. El mayor de los hermanos Sánchez
Vicario y Sergio Casal, fueron el referente en
aquellos años. Hasta que en los noventa España
pasó a ser el país con mayor número de
jugadores entre los cien primeros de la lista de la ATP, por
delante incluso de países de gran tradición,
como Estados Unidos o Australia. Desde entonces se habla de
ellos como "La Armada".
El tenis español se reconcilió con la competición
en el 2000. Fue la selección española formada
por Juan Carlos Ferrero, Álex Corretja,
Albert Costa y Joan Balcells, quien protagonizó
la gran gesta. Cuando el marcador reflejaba 2-1 en el computo
global, el mosquito Ferrero derrotó en un heroico partido
a la por entonces joven estrella emergente Lleyton Hewitt,
dando la victoria a España. Los cuatro disfrutaron
de la gloria pese a desoír la leyenda sobre el mal
fario que trae tocar la ensaladera antes de la final.
Tras quedar apeados en segunda ronda frente a Uzbekistán
y Estados Unidos en 2001 y 2002 respectivamente, en el 2003
España se clasificó para su cuarta final, de
nuevo contra Australia, su bestia negra. Y sobre la hierba
australiana los de John Fiztgerald vengaron la derrota del
Palau Sant Jordi. Pero como colofón a un quinquenio
glorioso -con tres finales disputadas- Moyà dio en
La Cartuja su segundo correctivo a Roddick en el mismo fin
de semana, tras el encajado por el nº 2 ante Nadal, y
cosechó la segunda ensaladera de plata del tenis español.

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