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Cayó la segunda, la de Carlos Moyà,
ausente en la gesta de Monjüic del 2000. La que consagró
a Rafa Nadal como estrella emergente del tenis español, desde
su debut en Brno frente a la República Checa, hasta su meritoria
victoria sobre Roddick en la final. La que le convierte en el tenista
más joven en ganar una Copa Davis. La segunda de Ferrero,
quien asumió con gran dignidad su papel de telonero, junto
a Robredo. La final de Sevilla, récord en asistencia pero
caótica en su organización.
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