L. J. Moñino | 18/02/2007
Sin fútbol y con otra humillante derrota llegará el Bayern a Madrid. Ahora mismo es un equipo en el que todo transmite sensación de fragilidad, de desmontarse a cada movimiento táctico que intenta. Si decide atacar con los laterales o si Lucio se descuelga se le descubren agujeros inmensos, y si opta por atacar por el centro, asoma la falta de creatividad de la que tanto habla Hitzfeld. No quiere el técnico a Schweinsteiger por detrás de los dos delanteros, pero tampoco le soluciona nada el deambular de Van Bommel por los últimos treinta metros. Tampoco le salió bien a Hitzfeld la prueba invertida que hizo pensando en el Bernabéu: colocar a Sagnol por delante de Salihamidzic para defender más arriba las entradas del Madrid por la izquierda. Los malos síntomas también se reflejan en las acciones de sus mejores jugadores. A Kahn le costó levantarse tras el rechace que generó el gol, Lucio pega voleones que van contra su naturaleza, Makaay se aturulla con el balón cuando siempre fue un jugador de pocas conducciones y remate a un toque. Lo peor de todo es que sus jóvenes talentos (Lahm, Schweinsteiger y Podolski) ni se acercan a los que fueron en el Mundial.
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