Eva Sabariego | 24/06/2007
El Santiago Bernabéu les debía una Copa. 65.000 sevillistas con corazones a un solo latir no podían marcharse a Sevilla de vacío, después de tantas horas de insomnio, de tantos kilómetros recorridos. Porque no existió recompensa en las dos últimas finales de Copa disputadas en 1955 y 1962, y dice el refrán que a la tercera va la vencida. Por aquel fatídico penalti fallado por Mateos cuando todo se ponía a favor de los nervionenses ante el todopoderoso Real Madrid de la década de los 60. Por el ejemplazo de afición que la familia sevillista lució ayer por la capital de España, casi entregada a sus pies. Y porque fue mejor en el terreno de juego, justamente donde tiene que hablar un campeón.
Sevillista, no se frote los ojos. Con permiso de Juan Arza, el mejor sevillista de todos los tiempos, se encuentran ante el equipo de oro del Sánchez Pizjuán. Tiren de hemeroteca y analicen cuantos clubes en el mundo han conquistado cuatro títulos en tan sólo doce meses más uno y que aún tendrá otra cita ante nada más y nada menos que el Milán en Mónaco la oportunidad de revalidar la Supercopa de Europa y la cita ante el Real Madrid para la Supercopa de España.
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