Javier Mínguez | 17/05/2008
Con las mismas cartas, era lógico que el partido con el Ayuntamiento tuviera el mismo desenlace. El Consistorio no es Casa Pepe, como el actual Consejo granota, por lo que Barberá y sus concejales no podían cambiar las condiciones de un pacto que se firmó en Junta de Gobierno. Por su lógica desesperación, comprendo que la plantilla vuelva los ojos hacia el único sitio donde hay dinero contante y sonante: las arcas municipales. En las del Levante sólo hay telarañas y eso es culpa, primero, de Pedro Villarroel y sus desmanes y, en segundo lugar, de sus cómplices y de los que miraron hacia otro lado cuando se vio que el club ingresaba 15 millones y se gastaba 35.
Pero Romero y sus consejeros, a lo Gran Houdini, son grandes escapistas y se están especializando en las últimas horas en esquivar las críticas por la lamentable situación personal que están viviendo jugadores y empleados. Vamos, que se están yendo de rositas. Me entristece y pone furioso cómo la directiva azulgrana ha ido mareando la perdiz y, sobre todo, cómo a la plantilla, por su buena voluntad, se la ha ido engañando hasta que ha perdido toda su fuerza para negociar. Aunque no tendrá consecuencias para la competición, sólo les queda montar el show en Madrid y que a los que han mirado para otro lado se les caiga la cara de vergüenza.
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