| 27/03/2008
Primero fue un comunicado médico, el primero en la historia del Barcelona que se redactó para decir que un futbolista del club no estaba lesionado. Le siguieron unas palabras del presidente, Joan Laporta, para asegurar que dicho parte médico era "impecable". Se sumó a la fiesta el secretario Txiki Begiristain con un "es el jugador quien tiene que convencer" a quienes dudan del origen de sus molestias físicas. Frank Rijkaard rompió su habitual discurso conciliador y respondió con un "hoy sí" cuando un periodista le interrogó sobre si el brasileño había llegado en buenas condiciones de entrenarse el sábado pasado. Y la traca final llegó de parte de dos compañeros, Samuel Etoo y Touré Yaya, quienes subrayaron después de golear al Valladolid (4-1) que ellos están jugando con dolores físicos.
Todo lo anterior sucedió en la misma semana, en el mismo club que hasta apenas días antes mantenía un discurso homogéneo, casi monolítico, respecto de la figura del otrora santo y seña del proyecto Laporta. No caben muchas lecturas más que ésta: que la directiva del Barça ha levantado la veda contra Ronaldinho, convertido ahora en el mejor muñeco de pim pam pum para maquillar cualquier crisis.
Roberto de Assis, hermano y agente del jugador, llegará la semana que viene a preguntar qué pasa. Y a decir que sólo se irán con la carta de libertad.
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