Artículos de Juan Cruz Juan Cruz | 07/05/2008
Recuerdo una anécdota de Pep Guardiola en Málaga, junto a Luis Alegre y a David Trueba, sus amigos, a finales de la última temporada. El Barcelona ya iba muy mal; su juego se contradecía con sus resultados; no jugaba mal, pero sus resultados eran peores. La defensa empezó a dar las señales de agotamiento que se hicieron tan inquietantes como peligrosas, y todos estábamos persuadidos de que algo fallaba en el mecanismo anímico del club. Guardiola era, y es, muy prudente, jamás lo he visto, ni siquiera en la intimidad, tirar piedras a su tejado, pero aquella vez me explicó algo luminoso, que tengo presente cada vez que veo que el equipo hace florituras inquietantes dentro de su propia área. Dijo Guardiola: "Es que el Barcelona tiene que jugar la pelota en todas partes; el equipo no puede permitirse el lujo de lanzar un balón como si no valiera nada".
Como si no valiera nada. Todo en el fútbol, él lo demostró, debe ser fruto de una estrategia, de un pensamiento y de una conciencia del juego. Esa filosofía es la que ha distinguido al Barcelona que nos hizo aficionados. Si la opción de Guardiola se materializa como sustituto de Rijkaard habremos ganado en juventud pero también habremos equilibrado las opciones: como el entrenador que se va, Guardiola es un hombre educado y acostumbrado a educar. Es seguro que ese equipo que él toma recuperará con él la voluntad de estilo que lo hace perdedor o ganador pero propio e inigualable.
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