Luis Nieto | 20/11/2007
A Emilio Butragueño Santos (Madrid, 1963) le queda de su época de mito el tipo, el entusiasmo por el juego y el madridismo militante, que en su caso estaba ahí cuando ni soñaba con pisar el césped del Bernabéu. "Según vas cumpliendo años entiendes mejor el juego, pero en cambio el físico ya no te da", explica. Y como no se ha inventado el futbolista con anatomía de veinte años y cabeza de cuarenta se fue primero del campo (1998) y luego del despacho (2006), pero sigue en la grada, como abonado del Madrid, donde empezó todo, y como embajador de un proyecto apadrinado por Castrol, que radiografiará el rendimiento de los futbolistas en la Eurocopa.
Sobre una pantalla de ordenador explica los porqués de los goles del España-Dinamarca del Bernabéu. Hemos vuelto a los jugones y le gusta el plan: "Se puede ganar o perder jugando de cualquier manera, pero si hay que elegir, me quedo con la pelota. Si los tuyos son mejores, lo preferible es que entren mucho en juego. Eso desgasta al contrario. Si cedes la pelota al rival, cuando te llega la sentirás como un objeto extraño. España quiere la pelota. Es una buena Selección para jugar en ella". Valdría como prólogo para explicar cómo jugó la Quinta a la que dio nombre y cómo lo hace la última España. "Hay diferencias. Nosotros teníamos dos bandas letales, con Michel y Gordillo. La Selección juega de otra manera. Tiene centrocampistas fantásticos. Cesc juega extraordinariamente bien. Yo soy especialmente preguntón con los ingleses y todos me dicen que es el mejor del Arsenal. También me gusta Xabi Alonso. Pero es importante el equipo en su conjunto. Sergio Ramos, por ejemplo. Un jugador espectacular. Su gol en Aarhus lo he puesto como ejemplo de juego colectivo en algunas conferencias que he dado. El balón pasa por nueve jugadores y el lateral derecho acaba apareciendo para culminar como Ronaldo. Es impresionante. Y también hay que acudir a jugadores como Albelda. Le da equilibrio al equipo. Y luego está Casillas. ¿Cuántos puntos le ha dado al Madrid en estos años? Está a un nivel fantástico. Tiene el don de la intuición y piernas muy rápidas. El mejor que yo he visto en el uno contra uno". Butragueño firma el plan A, el del tiqui-taca. ¿Y cuándo las lesiones aparezcan? ¿Hay jugadores similares para el plan B?: "Pues entonces habrá que tirar de los extremos. A mí me encanta Vicente. Ha tenido mala suerte con las lesiones, pero tampoco eso es decisivo. Van Basten llegó a la Eurocopa del 88 tras una lesión complicada y fue el mejor del torneo. En esto de las bandas también ha cambiado el fútbol en muy poco tiempo. En mi época en ellas jugaban centrocampistas que llegaban a la línea de fondo. Ahora actúan extremos que ayudan al centro del campo. Pero a unos y a otros se les pide lo mismo: que sorprendan".
El Bernabéu. El Buitre tiene muy fresco el festival contra Suecia del sábado: "Jugar en un Bernabéu lleno ayuda. En los partidos grandes el escenario se hace importante. Yo jugué con España ante Inglaterra y Escocia en un Bernabéu semivacío. Ahora se llena y eso da magia a los partidos. Los ingleses engrandecen los encuentros de su selección llevándoselos a Wembley".
La mejora medioambiental de la Selección a veces engaña. Sin que se sepa bien por qué, la convivencia entre el equipo y el entorno se contamina en las grandes citas. Ha pasado siempre: "Es que los periodistas ejercéis una presión enorme. Y tenéis una influencia terrible. El jugador intenta vivir en su mundo, pero al final siempre se entera de lo que se dice de él y le afecta. Ahora, en un torneo donde todo se juega a un partido, el título está abierto a cualquiera". Hemos llegado a la presión, el peor de los peligros para una Selección joven como la nuestra: "No estoy de acuerdo. Ya sé que no están Víctor, Maceda o Hierro, que ha sido el mejor de la historia en su puesto, pero jugadores como Sergio Ramos, Puyol, Casillas o Xavi tienen una experiencia suficiente como para sostener al equipo. El problema es otro. Hay que ver cómo llegan nuestros jugadores al torneo. Cuando yo jugaba, se disputaban cuatro partidos menos de Champions y otros cuatro menos de Liga, porque había 18 equipos. Eso son ocho semanas sin jugar los miércoles. Ahora el calendario es terrible. Fijaos en los jugadores suramericanos. Se marchan diez días, llegan un viernes de madrugada y ese mismo día tienen que viajar con su equipo para jugar la Liga". De Raúl, ni una palabra que devuelva un debate enterrado por el 3-0 a Suecia: "Ahora juega en un puesto en el que da más rendimiento, pero el seleccionador tiene su equipo casi hecho. Con él hemos llegado a un punto en que sólo nos queda admirarle. Es un ejemplo. Que no vaya a la Selección no elimina su leyenda".
Butragueño se siente tan cómodo hablando de fútbol que resulta casi inexplicable que nunca le tentase el banquillo: "Nunca me llamó la atención. Primero, porque soy muy familiar y no me hubiera gustado mover de una ciudad a otra a mi gente. Y segundo, porque no tengo vocación de técnico. Ahora, yo he estado muy cerca de los entrenadores en mi última etapa en el Madrid y entiendo por qué hay gente que quiere dirigir a un equipo. El desafío es soberbio. Resulta precioso estudiar al rival; convencer a 25 jugadores, muchos de ellos estrellas, de que te sigan, de que crean en ti; leer los partidos; elegir a los once a los que hay que poner el domingo. Ahora, el sentimiento de soledad al que se enfrentan debe de ser terrible. Cuando se produce la derrota nadie sabe cuántos jugadores serán criticados, pero en el puching-ball estará el entrenador seguro". Y de los principios generales a los casos particulares. Schuster: "Me gusta. Y tiene suerte, porque hay once jugadores nuevos y los está conjuntando sin dejar de ganar, aunque tuviese dificultades ante Almería, Betis o Getafe. Pero el ejemplo son los triunfos en Villarreal y Valencia. Ganaban y seguían atacando. Así era también nuestro equipo...".
El nueve. El Barça, al borde del galacticismo: "Hay un problema de manejo de la plantilla, pero aún les doy un margen. El talento está ahí y cuentan con un técnico capacitado. Hace dos años eran una máquina. La temporada pasada quizá hubieran ganado la Champions de no haber perdido durante meses a Etoo y Messi. Además, juegan con tres atacantes puros y tres centrocampistas. Por eso sufren sin la pelota". Agüero: "Ya me parecía bueno hace dos años. No le veo como Romario. Es un segundo delantero...". La reflexión invita a hablar de nueves, especie en extinción: "No hay muchos. Y el Madrid tiene uno muy bueno, Van Nistelrooy. El nueve es el último especialista de un fútbol cada vez más dificil, con rivales más preparados. Pero hay cosas que no cambian. Hay jugadores que cogen la pelota y entonces pasa algo importante. Cruyff, Maradona, Ronaldo, Ronaldinho. Todos los futbolistas son necesarios, pero son éstos los que engrandecen el fútbol. La cuestión es emocionar, en el fútbol y en la vida. Al estadio vas para que alguien te vuelva loco. Di Stéfano o Pelé son hijos de su tiempo, pero también sobresaldrían ahora porque tenían afán de superación y talento".
Butragueño jugó once años en el Madrid. Fue cinco veces campeón de Liga, dos de Copa y dos de la Copa de la UEFA. Ganó dos Balones de Bronce, dos trofeos Bravo y un Pichichi. Aún hoy le cuesta creerlo: "Fui a probar con el Madrid con 17 años. Cuando salí sabía que no me iban a elegir y en el coche sólo pensaba que algún día les contaría a mis nietos que un día me entrené con los juveniles del Madrid. Así de idealizado tenía el club. Luego vino a verme el Atlético y me ofreció un puesto en el Tercera ese año y en el Segunda el siguiente. "¿Cómo me voy a poner esa camiseta si nosotros somos del Madrid?", le decía a mi padre. Entonces, el padre de un jugador del Castilla, Juanito, que tenía un bar frente a mi colegio, el Calasancio, logró que el Madrid me tuviese a prueba dos semanas. Me quedé. Después llegó mi debut en Cádiz y la vuelta a los entrenamientos con el Castilla. Ni siquiera entonces pensé que algún día sería futbolista profesional".
En la tertulia se abre el debate sobre su mejor gol. Hay consenso: aquella cadena de regates en un baldosín ante el Cádiz que acabó con El Buitre a hombros de Juanito. El protagonista vota en contra: "En ese mismo partido, antes, hice uno mejor. Me marche de dos jugadores y salvé al portero con frialdad. Sin embargo, la gente se quedó con el eslálom". Butragueño fue un especialista en el mano a mano con los porteros. "Hubo uno mucho mejor: Romario. Tenía una sangre fría envidiable. Cuando encaraba al portero nadie podía adivinar lo que intentaría".
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