As | 13/11/2007
Mi compañero y yo estábamos de servicio al otro lado de la gasolinera, a más de cien metros, y vimos una pelea entre jóvenes. Era una pelea muy violenta. Desenfundé el arma e hice un disparo de aviso al aire. Luego corrimos hacia el lugar de la pelea.
Salí corriendo con la pistola en la mano y mi Beretta se disparo, pero yo no apuntaba a nadie. Así es como he destruido dos familias: la del joven Sandri y la mía propia. Es una desgracia que nos perseguirá siempre.
No enfundé porque estamos aconstumbrados a enfrentarnos a delincuentes muy peligrosos. Llevaba la pistola en la mano y se disparó de forma accidental. Estamos entrenados y habituados a coger la pistola en la mano. (Es el compañero de Luigi Spaccarotella el que da las explicaciones sobre esta irregularidad mientras él rompe a llorar).
Los tifosi de la Juve viajaban en otro coche y salieron a toda velocidad. Corrimos para tratar de ver la placa del coche y poder identificarlo... la Beretta se disparó...
Estábamos con nuestro trabajo. Vigilábamos la seguridad de la carretera. Controlábamos la documentación de un vehículo cuando nos fijamos en la pelea de enfrente.
Puede que a más distancia, incluso a doscientos metros. Ha sido una desgracia, una bala perdida... ¿Cómo iba a apuntar a nadie? No lo hice, no miré, no dirigí la pistola hacía nadie. Fue un accidente trágico.
Se verá que fue como digo. Estábamos a mucha distancia y el tiro salió trágico. Todo esto me ha destrozado la vida.
Que me perdonen, que comprendan que ha sido una desgracia, algo que me marcará y perseguirá siempre y que quizá no consiga superar. Pero cualquier cosa que diga no servirá para consolarles por su pérdida. Estoy abatido, destrozado...
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