Tomás Guasch | 17/02/2008
La grandeza de Di Stéfano es la de un número uno, el superdotado que aparece en el Deporte y en cualquier otro orden de la vida. Merecía un monumento, sí. Desde hoy todos los que visiten Valdebebas sentirán su presencia, la de la estatua levantada para el más grande. ¡Ha hecho feliz a tantísima gente!
En Palencia, en la radio: yo me imaginaba a Di Stéfano por la radio. Como la gran mayoría de la gente de entonces. España se hizo madridista por ahí, por la radio y por Di Stéfano. Y, bueno, yo era un niño que se empapaba de todo lo que oía contar a mi padre, a mi abuelo; lo que escuchaba en aquellas transmisiones con toda la familia alrededor del aparato mágico. Jugaba el Madrid y se paralizaba casi todo. Me imaginaba a un superdeportista, algo así como mi primer Supermán. Para los madridistas, la persona que cambió nuestra historia desde el terreno de juego.
Eso es. Recuerden que hasta que Di Stéfano llegó a Chamartín, el Madrid llevaba más de quince años sin ganar la Liga. El ojo de don Santiago fue mágico.
Pues no lo recuerdo.
Sin la menor duda. El palmarés de Copa y Liga desde el final de la guerra al 53, que es cuando llegó Alfredo, lo confirma. El gran Real Madrid arrancó con él.
Yo tenía doce años, fue un Real Madrid-Osasuna en Chamart ganamos, ¿eh? A mi hermano y a mí nos llevaron mi abuelo y mi padre. Fue una gran fiesta; para mí lo nunca visto, claro. Recuerdo la gente llegando al Bernabéu, cuyo entorno no era precisamente el de ahora. Aquellas camionetas que llegaban desde los barrios, los chavales como yo que iban ¿cómo le diría yo?... ¡Con la emoción del que lleva la carta a los Reyes Magos! Te llevaban a ver al Madrid, que era la gran atracción de la ciudad para miles de personas, a un estadio mítico Sabíamos que ver a Di Stéfano y compañía era lo más grande de la semana.
Me quedé con la boca abierta, ¡fueron tantas emociones! Mi primera vez en el estadio, la primera vez con Alfredo Después llegó una tarde en Santander, en el viejo Sardinero. Veraneábamos allí y fue un domingo entrando septiembre, antes de que empezaran los colegios. Llegaban las Copas de Europa, estaban Alfredo, Paco Gento, Puskas Los chicos de entonces teníamos la radio y el NO-DO.
Claro. Nos fiábamos de lo que nos contaban y la imaginación se desbordaba. Podía ser comparable a leer un libro o ver una película sobre él. El libro es fantasía, te lo imaginas, te fabricas tu mundo con él. Recuerdo cuando los fotógrafos se situaban cerca del túnel de vestuarios y se intuía que iba a salir el Madrid al campo con Alfredo a la cabeza. ¡Uff, era una emoción indescriptible! Ahora pueden verse todos los partidos del Madrid en todas las competiciones; antes te conformabas con los de casa. Cuando íbamos al cine y ponían imágenes del Madrid, la gente se quedaba para verlo dos y tres veces. Los cines de barrio tenían aquello que se llamaba sesión continua. El NO-DO daba resúmenes de los partidos importantes de la Liga, la Copa de España y la de Europa; el Madrid con el Barcelona, con el Athletic, con el Atlético Que recuerde, la única Copa de Europa que vi por televisión fue la quinta, de las cinco primeras me refiero.
El fútbol era uno de los grandes entretenimientos de la época. Recuerdo las tardes en el colegio, la emoción por salir corriendo para casa porque jugaba el Madrid de Alfredo. Imagínese lo que fue para mí ir conociendo a los grandes jugadores de entonces. Era el fútbol hecho arte en una España que no tenía nada que ver con ésta: para un chaval de provincias como era yo la magia de Di Stéfano nos trasportaba a un mundo casi ideal, felicísimo. Nos dormíamos pensando que éramos Di Stéfano, que jugábamos en el Madrid.
Como el futbolista total que se dijo después. Eran los tiempos de Matías Prats padre y otros pioneros de la comunicación española. Los recuerdo junto a la línea de banda, ¡qué tiempos! Yo no había visto nunca a un jugador capaz de ser el mejor defensa, el mejor centrocampista defensivo, el que mejor creaba y, además, el gran rematador. Como Sergio Ramos, Diarra, Gago, Raúl y Van Nistelrooy en un solo hombre y por citarles a un jugador del Madrid de ahora por línea.
¡Y porque le resultaba imposible! Muchas veces me preguntan jóvenes aficionados qué sería Di Stéfano hoy y estoy seguro que seguiría siendo el líder que fue, el gran revolucionario. Éste es otro fútbol, claro, pero su talento hubiera acabado imponiéndose por encima de tácticas, de características. Sería otro Di Stéfano, pero también con el viento a favor en cosas tan importantes como la alimentación, las mismas botas
Exactamente eso fue. Mire, el talento te lo da Dios. Para el fútbol, para la música, para todo. Lo que queda es tarea tuya. Y eso es el sacrificio, la dedicación, la autodisciplina. Alfredo y su tiempo en el Madrid fueron importantísimos. Su legado es imperecedero. El club fue elegido el mejor del siglo XX porque supo perseverar en las virtudes que trajo Di Stéfano y que pasaron de generación en generación: y el Madrid será el mejor del siglo XXI si continúa cogido a esas virtudes.
Paco Gento me dijo un día que la suerte del Madrid fue fichar a Alfredo, nada hubiese sido igual sin él. Y no sólo en cuanto a títulos, que son la envidia de todo el mundo, sino por lo que dejó como ejemplo. Mire: hay cosas en el fútbol que no cambian por muchos años que pasen. Y una de ellas es el vestuario, el grupo. No hay triunfos sin una base de solidaridad, de querer ser siempre el mejor. Eso, además, es un ejemplo para los chicos. Nosotros queríamos ser como Di Stéfano y eso era mucho más que jugar bien al fútbol, cosa que por otra parte nos resultaba imposible. Ser como Alfredo es vivir con la tranquilidad que da el trabajo bien hecho; el ser fiel a ti mismo y la gente que te rodea. Y eso es lo que hemos recuperado para el Madrid y los cimientos del futuro. Mire: el Madrid está siempre exigido, en España y en Europa. Como en los tiempos de Alfredo y porque ese fue el legado de Alfredo.
Ante doscientos veinte periodistas acreditados y más de 800 invitados.
¡Casi! Que el Madrid le rinda homenaje a Alfredo es natural, podríamos hacerlo una vez por semana. Es el fútbol el que se acerca a Madrid para postrarse ante un futbolista que cambió este deporte. Usted me preguntaba por mi primer Di Stéfano, el de un niño de Palencia. Esa misma emoción la sintieron adolescentes de toda Europa, a medida que el equipo iba conquistándola y Alfredo escribiendo su leyenda. Mucha gente que lo vio recuerda aquel 7-3 al Eintracht en la primera final de Glasgow como el mejor partido de su vida. En casa, mi padre, mi abuelo, mi hermano, los amigos, todos se volvieron locos con él.
A las doce del mediodía Platini le dará el premio Presidente UEFA, y a la una se descubrirá la estatua en Valdebebas que recoge una imagen universal de Alfredo: aquel salto suyo tras un gol del Madrid ante el Vasas de Budapest. En AS tienen ustedes detalle de ese momento.
¿Y qué podía hacer el hombre?
Lo que hará hoy el madridismo y el mundo entero. Platini quiso entregarle el premio en Zagreb, en la última gran reunión de la UEFA, pero entendió que era mejor venirse a Madrid y ofrecérsela en su casa. Además podemos contemplar una colección de fotografías magníficas Un día para no perdérselo y que gente que ha jugado al fútbol tan bien como Platini valoran como se merece. Todo el fútbol mundial estará hoy al lado de Alfredo porque todos fuimos niños y sentimos la emoción de estar a su lado en un momento como éste.
¡Ja, ja! Nunca ocultó su amor por el Madrid. ¿Sabe que le cambió el color de la camiseta al equipo de su pueblo?
Eso es. Blatter llegó a ser el presidente de ese club cuyo equipo vestía de azul. Por la magia del Madrid y de Alfredo lo cambió por el blanco. Y, en efecto, el presidente de la FIFA siempre manifestó que su ídolo fue Di Stéfano, por eso estará hoy junto a él y le aplaudirá como todos.
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