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Martes, 29 de Mayo de 2012

Fútbol | Los lunes del Asador Donostiarra

"La Justicia no actúa contra los directivos"

Hubo momentos en que Ettien fue un huracán imparable, un decatleta transplantado al fútbol, pero no pudo acabar en un grande. Y ahora, con 29 años, paga con el paro la desastrosa gestión del Levante. Lo explicó en el Asador Donostiarra.

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Ettien

PERSONAJE - A FONDO

Nacimiento: 26/09/1979

Lugar: Costa de Marfil

Luis Nieto | | Madrid - 28/10/2008

La carrera deportiva de Félix Ettien (Abidjan, Costa de Marfil, 1979) daría para una novela de Dickens, de momento con final infeliz: está sin equipo, no ha conseguido que el Levante le pague los casi dos años de ficha que le adeuda y tampoco ha recibido el pasaporte español que le abriría las puertas de la Premier League. La espera se hace larga y cara, porque de su bolsillo paga a un preparador físico que le mantiene en forma en el complejo deportivo La Calderona (Valencia): "Me entreno entre 45 minutos y una hora todos los días y apenas toco el balón. Cuesta salir de casa para subirse a una cinta de correr y hacer doce kilómetros, pero sé que no tengo alternativa. Es duro, pero ahí está mi futuro".

Ettien no ha conocido más equipo que el Levante, que le fichó, junto a su compatriota Idrissa Keita, durante el Mundial juvenil de Malaisia del 97, aquel que ganó la Argentina de Riquelme y Aimar y del que salió elegido mejor jugador Nico Olivera. Ettien era la estrella de Costa de Marfil. El comienzo no fue bueno: "Keita y yo caímos enfermos, quizá por efecto del cambio de clima. Unos días después un compañero nos dijo que nadie quería utilizar nuestro plato ni nuestra ropa. Nos veían como unos muertos de hambre que sufríamos paludismo. No era cierto. En aquella pretemporada, además, el entrenador, Emilio Cruz, dio permiso a todos para pasar un día en Valencia menos a Keita y a mí. Aquella España era más cerrada, menos tolerante que la de hoy. Recuerdo que un día subí a un taxi y le conté al taxista que jugaba en el Levante. 'Menos mal, un negro que hace algo de provecho', me contestó". La conversación ha entrado de lleno en el problema de los gritos racistas, que Ettien confiesa haber sufrido: "La afición del equipo contrario intenta desestabilizarte y utiliza el color de tu piel como un arma, no sé si por racismo o no. Yo he tenido paciencia. Lo peor es cuando esto se convierte en costumbre, porque si una parte de la hinchada simula el grito de un mono es que te ven como un mono. Por eso entiendo a Etoo. La paciencia tiene un límite. Los españoles creen que los franceses se sienten superiores a ellos. Y se ofenden cuando hacen ostentación de ello. Pues eso nos pasa a nosotros. Sólo estando en nuestra piel se puede sentir el racismo". O sea, que la mano dura de la UEFA no está de más: "Hay que meter palos para que los dirigentes tomen conciencia del problema y atajen el comportamiento de esas minorías. Y que sepan que si no lo hacen, sus equipos tendrán que fastidiarse y jugar a 300 ó 400 kilómetros de su ciudad". También matiza Ettien que una cosa es la grada y otra el campo: "A mí jamás un adversario me llamó negro de mierda, jugara contra un equipo grande o contra uno pequeño". Por eso no disculpa a Luis Aragonés: "Se pasó. Cometió una equivocación. Debió ser más cuidadoso. Aquello no venía a cuento y empleó un tono muy agresivo".

Vuelta al Levante, al que la Ley Concursal salvó de la desaparición sin salvar los salarios impagados a los jugadores: "Yo había renovado hasta 2011 y me encontré que sólo había cobrado un 5% de mi ficha en los dos últimos años. Así que rescindí el contrato, pero como no se ha llegado aún al concurso de acreedores, no he cobrado un euro. Así que me han embargado el piso. Y menos mal que la crisis ha jugado en nuestro favor. Como es mal momento para vender la vivienda, el banco no ha ejecutado el embargo". Ettien recuerda que durante sus primeros ocho años en el Levante (ha pasado allí once) el club le pagó puntualmente. "Incluso recomendé a algún compañero que fichase con nosotros". Pero las cosas se torcieron hasta llegar al punto sin retorno de la temporada pasada: "El banco está embargando mis bienes y los directivos pasean tranquilamente por la calle. Incluso te preguntan cómo te va, si has encontrado equipo. La Justicia no actúa contra ellos. Y mientras, yo tengo que mantener a dos hijos con la única ayuda de algunos familiares".

El ERE. Etoo se negó a acudir a la pretemporada del equipo en Oliva y fue incluido en el expediente de regulación de empleo que alcanzó a catorce futbolistas. Él, David Castedo y Armando no han encontrado equipo: "Aquí han pasado cosas increíbles. En el pasado mercado de invierno pudieron vender a Riga por tres millones y no lo hicieron porque ese dinero sería para los jugadores. Al fin, Riga acabó denunciando al club ante la FIFA y se fue gratis. Este año no han querido vender a Geijo. Y luego está el asunto del crédito que negoció un futbolista y que estaba concedido. La única condición que puso la entidad bancaria fue que no se hiciese público, para que ello no afectase a su imagen. Y el club lo filtró. Ellos querían llegar a la Ley Concursal, porque para los clubes resulta muy útil. Ahí está el Málaga, que se acogió a ella, no pagó a muchos jugadores y ahora ha vuelto a Primera". Ettien recuerda que los futbolistas ni siquiera pudieron repartirse íntegramente los dos millones de euros que otorgaron al Levante la Liga y la AFE. "La situación fue tremenda. El club se comprometía en algunos contratos a pagar a los futbolistas su ficha y el alquiler de una vivienda. Y como no atendía ninguna de las dos, varios compañeros tuvieron que irse a vivir juntos a la misma casa".

Al llegar el verano, la mayoría encontró acomodo en el fútbol español. Pero Ettien tampoco tuvo suerte por su condición de extracomunitario: "Me piden diez años de residencia para obtener el pasaporte español y, por tanto, no pude solicitarlo hasta hace ocho meses y todavía no lo tengo. Eso me ha impedido jugar en la Premier. Tuve una oferta del Everton, pero no me concedieron el visado para entrar en Inglaterra. Y eso que intentó ayudarme Kapó, que es primo mío y que jugó en el Levante. Él está en el Wigan y pidió a sus directivos, como favor, que intercedieran ante la Embajada británica, pero no hubo suerte". Ahora espera que ese pasaporte comunitario ("Me lo he ganado después de once años tributando el 45 por ciento de mis ingresos al fisco español") le cambie la vida, a la que, como un mal defensa central, siempre ha llegado una décima de segundo tarde: "En su día me quiso el Atlético y la cosa no cuajó. Lo mismo ocurrió con el Valencia. Estuvo hecho mi traspaso al Inter, hasta el punto de que el Levante no me alineaba para que no me lesionara, y al final me quedé. Y el colmo fue durante la época de Schuster como entrenador. Un equipo ruso quería verme. Tenían previsto viajar a un partido ante el Betis y les llame para que no lo hicieran porque no iba a jugar. El siguiente encuentro era con el Madrid y se desplazaron para observarme. No jugué un minuto y se frustró la operación. Este mismo verano negocié con el Hércules, pero me dijeron que tenían algunos jugadores apartados del equipo y que no sería bien visto que llegaran más futbolistas". Tantas cicatrices le han vuelto desconfiado: "Lo he pasado tan mal que me pensaré mucho dónde voy cuando tenga mi pasaporte".

Ha sido una tertulia de sucesos que concluye con una reflexión sobre el fútbol africano, hacia el que se inclina el futuro: "Salen jugadores muy buenos. Si tú montas un partido entre chavales de siete años de allí y de aquí, los africanos les darían un repaso, porque juegan en la calle, porque aprenden un gesto técnico con sólo verlo una vez. Tienen inventiva, imaginación. Ahora, si ese partido lo repites diez años después, el repaso se lo darían los europeos, porque allí no hay infraestructuras, no hay escuelas (el hijo de Ettien juega en la del Valencia), no se forma tácticamente a los jugadores. Lo ideal es una mezcla y lo prueba Brasil: la mayoría de sus buenos futbolistas son negros, pero educados con métodos europeos. A veces parecen caóticos, pero resuelven partidos. Y por eso todos los entrenadores los ponen".

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