Viernes, 19 de Marzo de 2010
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Tomás Guasch | 03/06/2007
Anunciaba Forges en su viñeta de ayer en El País que el partido era España-Ursulinas. Delicia irreverente, pero cierta. Letonia es una ursulina del fútbol. ¿Y España? Pues ella y su circunstancia. Ayer, la España gris de estos partidos contra equipos de la Segunda europea a los que cuesta ganar porque tienen la rara habilidad de aburrirse ellos, a tí y al resto del mundo. Eso es verdad. Pero se les gana porque el mérito es no hacerlo. Usted dice por ahí "jugamos contra Letonia y no ganamos", y seguro que alguien le pregunta: "¿Y cómo lo consiguieron?".
Se les gana 99 veces de 100 incluso con goles como ayer, uno en propia puerta y el otro, con la espalda. En estos casos se acude a Di Stéfano: "Que le canten a Gardel", sugiere La Saeta en este tipo de situaciones miaja irritantes tras un partido cuya primera parte fue mala y la segunda, peor. Partido raro, goles raros, pero que valen, y todos tan contentos. Tres puntitos más en esta excursión de fin de curso y sin bajas físicas. Lo soñado.
Los goles tienen muchos apellidos. A los que se marcan en el alargue del primer tiempo les llaman psicológicos pues minan la moral de quien lo encaja (y más si es una ursulina y se mete en propia puerta) y alza la de quien lo anota. Un centro de Sergio Ramos lo mandó al fondo de su portería Zakresevskis (a partir de ahora Zakre), achuchado por Villa, y el suspiro de alivio de Luis se oyó hasta en Antequera. Porque dominadora desde el calentamiento, la Selección se había metido en un embudo y su peligro inicial fue diluyéndose para regocijo letón.
España salió bien. Bueno, Villa salió bien para ser más preciso. En cosa de diez minutos chutó cuatro veces a puerta. Era Villa contra Letonia, a veces pecando de chuponcillo. La conexión asturiana, Villa-Luis García más Angulo, tuvo momentos buenos que nos animaron a pensar que el equipo haría feliz a Aragonés y daría su golpe y sería de gracia, con goles y buen fútbol. Pero la cosa fue de más a menos porque el rival se encerró casi detrás de su portería y pronto echamos de menos a Joaquín y Silva, que se bajaron de la moto a última hora. Joaquín porque Antonio López le dio un pisotón en el último entrenamiento que le dejó maltrecho: tanto que a las cuatro de la madrugada (contó Luis) llamó al médico porque le dolía el pie, y Quique ya había amenazado con intervenir si uno de los suyos jugaba con molestias. Silva, decíamos ayer, esperaría hasta el último momento para decirle al técnico si se animaba o los isquiotibiales le seguían fastidiando. Por lo visto fue así y se borró.
Debutó el 700. Nos acordamos de ellos porque España jugó sin extremos. Iniesta es bueno, pero no es un 11 y tampoco Angulo es un siete-siete. Así, los extremos debían ser Sergio Ramos y Capdevila y no es plan. Una cosa es que ayuden y otras que les pidamos que sean Jairzinho y Gento. La ausencia de Torres nos llevó a jugar sin un nueve y jugar sin extremos ni sin nueve es como intentar una tortilla sin huevos, una sesión de circo sin leones; un absurdo.
Y el pueblo, el nuestro me refiero, estaba ya poniéndose histeriquito con el 0-0 cuando Zakre nos echó una mano mágica. Lo que vino después, la segunda parte me refiero, fue verbenero. Salió Joaquín y un par de galopadas por su banda nos llevaron a aclamarle a él y al Puerto, y así como quien no ha visto toros en El Puerto no ha visto toros, ríndanse: quien no pone extremos en el fútbol sabe más de toros y de puertos que de fútbol. Y de fútbol seguimos escribiendo recurriendo a los libros. Anoche debutó el jugador 700 en la historia de la Selección. Fue el gran Roberto Soldado. ¡Cuánto jugador para tan poco resultado! En estas cayó el 0-2, muy cómico: tiro Xavi, le dio la bola a Iniesta y se le coló al portero de 1,90 como si fuera Buyo. A partir de ahí, ruina. ¡Ah! No se me olvide. Cada córner que nos sacaron fue terrible y en uno de ellos Zakre casi remienda lo suyo, pero su testarazo, franco y en solitario, se le fue a la vecina Estonia. Y lo más gratificante: con 0-1, en un contragolpe y enésimo desajuste entre Albelda y los centrales, Maris Verpakovskis llegó hasta cerca de Casillas. Fue la jugada de un hombre de ataque más clara de todo el partido: tiró fuera. Entonces agradecimos como nunca que él naciera letón y no Dani Güiza; si llega a serlo, nos habrían empatado y a estas horas igual nos habíamos hecho el harakiri. Otra vez será. Que éstos, oportunidades para eso te dan más que El Corte Inglés.