Carlos Marañón | 23/03/2008
A primera vista, sólo rojo pimentonero frente a blanquiazul almogávar. Murcia y Espanyol, dos presuntos oficinistas de nuestro fútbol, rutina de la Liga. Nadie que no amase a alguno de ambos equipos pagaría por ver el match. Con lo que se juegan. Por fortuna el fútbol esconde extraños vínculos que hacen leyenda del día a día. Como aquel desprecio de cierta burguesía catalanista, culé a machamartillo, que se mofaba de todos los emigrantes llamándolos despectivamente "murcianos", por los muchos paisanos de aquella región que se trasladaron a Cataluña. El mismo desprecio que ha destilado siempre el monstruo culé por los periquitos. La mala leche une.
Pero es que además, Clemente se enfrenta hoy a su discípulo Valverde, al que puso el mote de Txingurri (hormiga) alineándolo sobre el césped de Sarrià. La épica casual de cada domingo pone al maestro y a su alumno frente a frente. En días así, engañosamente insípidos, aparecen los mitos, como Martín Abad, un goleiro que vistió las camisetas de ambos equipos y falleció de muerte súbita en un partido de veteranos. Así sueñan los héroes con morir. Como Javi, atrapado entre Irán y el banquillo más ardiente de Primera División.
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