Tomás Guasch | 20/08/2007
El Sevilla volvió a abrir la puerta grande del Bernabéu pues su quinto título, como el cuarto (la Copa del Rey) llegó en el coliseo merengue. Por ahora, lo que más recuerda al gran Madrid. La Quinta en quince meses; a título por trimestre salen los de Juande Ramos. Ningún equipo en el mundo presenta estas credenciales. Cinco goles para festejar cinco títulos. En el Bernabéu. Creo que hasta aplaudió Lopera
El equipo andaluz jugó con el Real como el gato con el ratón. Le quitó el queso cuando quiso, le dejó juguetear con la pelota si le apeteció, y le volvió a marcar el territorio cuando intuyó cierto peligro. Dos partidos con el Madrid, dos triunfos. Mínimo el primero en el Sánchez Pizju aplastante el segundo en el marcador y en el juego, que dominó siempre y con holgura cuando lo necesitó. Empate de Drenthe, gol de Renato. Empate de Sergio Ramos, gol de Kanouté y a por la manita. Este Sevilla es mucho toro para el Madrid de ahora, demasiado. En realidad, el partido como tal le duró 38 minutos, cuando su ariete marcó el primero de sus tres tantos al transformar un penalti absurdo de Pepe, que desvió con el brazo un centro sobre su portería.
Kanouté jugó un partido monumental. Fue la pieza maestra del sabio planteamiento de su equipo. No puso Juande a Luis Fabiano arriba sino que apostó por el enganche y la llegada de Renato, incontenible durante el primer tiempo para la defensa madridista. Marcó los dos primeros tantos de su equipo, confirmando que les sobran plantilla, variantes y futbolistas. Entre uno y otro, Drenthe recordó a su ídolo, Roberto Carlos, y empató momentáneamente el encuentro con un chutazo fenomenal que venció a Palop. Renato en la sorpresa y lo demás, lo previsto: Navas y Duda para abrir el campo (dame dos extremos y dominaré el partido) y el acordeón de los demás.
Uno de ellos, Alves, que volvió a jugar un partido buenísimo, como haciendo piernas para lo que le puede venir: un traspaso o la continuidad en el supercampeón. En el Sevilla ayer sólo flojeó, y es noticia, Palop, que estuvo mal en el gol de Cannavaro (primero oficial del italiano en el Madrid) y anduvo entre dudas la mayor parte de las veces.
El Real fue todo voluntad, pero escaso acierto. Pronto se confirmó la impresión del partido de ida: el peso del Sevilla es muy superior. Puso Juande atrás al colombiano Mosquera, por Boulahrouz, y mantuvo a Fazio, un joven argentino que funcionó como un reloj arropado por Poulsen y compañía. El Madrid tenía la pelota, pero no llegaba. No podía con el equipo que tenía enfrente.
Guti, como les comentábamos ayer, empezó de suplente. Nada de sueños: tampoco con él habría ganado el Madrid el título. Sorprendió la posición de Drenthe, convertido de salida en pareja de Diarra en un estrambótico doble pivote (acabó de lateral zurdo). Lo intentó el joven holandés, pero fue mucha responsabilidad para él ayudar a llevar la manija del Madrid, a su edad y con el poco tiempo que lleva en el equipo. Tampoco lo logró Sneijder, que fue de más a menos. Sin salida en las bandas, pues Duda volvía a complicar a Ramos y Torres no es el que subió al primer equipo la pasada temporada, el Madrid fue siempre a remolque de un equipo que no sólo interpreta mejor el juego sino que, como campeón que es, pegó en el momento oportuno.
El primer gol de Renato, al cuarto de hora, enseñó al Madrid lo que le esperaba: subir al Everest sin oxígeno. Ni sherpas. Cuando Drenthe empató y levantó a su gente, Renato y Kanouté, en ocho minutos, confirmaron quién mandaba ahí. El 1-3 era lapidario y a la vuelta del descanso, el Sevilla recordó que le queda un final de agosto complicado y levantó el pie del acelerador.
El Madrid se creció entonces. Ni un pero a la entrega del equipo de Schuster, que llegó a igualar a tres. Se preguntaron algunos: ¿habría milagro? Ni hablar. El campeón volvió a sacar las manos. Simplemente, lo necesitaba. Con contundencia propia del Cassius Clay de sus mejores tiempos. 3-4. 3-5. La diferencia entre un equipo y un proyecto, sin duda. Un proyecto con mucho que trabajar. Pepe, que tiene cosas de Guti en su cabeza, acabó expulsado. No pudo nunca con Kanouté, que también volvió loco a Cannavaro. Atrás no ha cerrado el Madrid su vieja hemorragia porque le sigue faltando lo fundamental: fútbol en la zona de creación.
Lo que le sobra al Sevilla juegue quien juegue. Contéstense esta pregunta: ¿qué jugador del Madrid de hoy sería titular en el Sevilla? Y esta otra: ¿cuántos del Sevilla ficharía usted para el Madrid? Al más fichable, Alves, no lo quiere. Por lo menos hasta anoche. 3-5. Gloria al supercampeón, que va por su Sexta. En Mónaco, donde destrozó al Barça con aquel 3-0 fabuloso. Ante el Milán. ¡Olé!
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