L. J. Moñino | 08/03/2007
El rojo del Allianz Arena lo vamos a teñir de blanco", decía envalentonado un aficionado madridista que viajó ayer a Múnich con sangre en el ojo porque el Bayern es la bicha para el madridismo. Nadie se arrugó ni mencionó la leyenda negra que persigue al Madrid en territorio alemán, pero este aficionado, como los 4.000 que se desplazaron a Múnich, volvieron destrozados por "la injusta derrota".
También hubo, antes del comienzo del partido, recaditos para el Barcelona: "Gracias Liverpool, desde ahora tendrán que sumar a su afición los 4.000 del Madrid que estamos aquí". Después del partido las caras eran muy diferentes, las bromas inexistentes e incluso algunos se excusaron: "Ha sido una jornada aciaga para el fútbol español, para Madrid y Barça".
Cinco Estrellas. Por trescientos ochenta euros, los ciento ocho peñistas de la peña Cinco Estrellas estaban convencidos de que merecía la pena viajar. Incluso alguno confesó que por traer "al niño, que le hacía ilusión", lo mismo tenía que pedir "uno de esos créditos rápidos que anuncian en la televisión".La Peña Cinco Estrellas aterrizó en Múnich a las 11:30 horas y se dirigió como todo el madridismo a la Marient Platz, que desde primeras horas de la mañana se tiñó de blanco. Con calma y al calor de la cerveza los aficionados fueron calentándose. Estaban tranquilos, con cánticos a intervalos. Hasta que apareció Toñín El Torero con su capote. Entonces el "¡Hala Madrid!" retumbó en el corazón de Múnich. Los aficionados, sentados en la terraza, se levantaron para ondear sus bufandas ante la mirada estupefacta de los muniqueses.
Los reporteros de las televisiones alemanas que andaban ávidos de encontrar aficionados españoles corrieron como posesos para grabar a Toñín. También una televisión china alucinó con las verónicas del madridista, que ayer se dedicó a espolear a una afición a la que sólo le faltaba una mecha que la encendiera. "Vamos a empatar a cuatro con dos goles de Van Nistelrooy, uno de Raúl y otro de Sagnol en propia puerta, para que les duela más", comentaba entusiasmado el Torero. Luego, la realidad de la derrota dejó que las lágrimas se escaparan de sus ojos.
El momento cumbre de su aparición fue cuando se subió a la emblemática estatua de La Victoria, situada en el mismo centro de la Marient Platz. Quizá fue la única conquista de una gran noche europea. Montera puesta y capote en mano enardeció a la hinchada blanca, que empezó a gritar con fuerza el "A por ellos". Una imagen de euforia muy distinta a la de la vuelta, ya de noche. En el rosario de colas de aficionados desplazados en el aeropuerto el monotema de conversación fue "la mala suerte y la pena por las ocasiones perdidas". Otros hinchas tuvieron que quedarse a dormir en Múnich y volverán hoy.
"Debía ser el partido que nos hiciera encauzar la temporada. El equipo no juega bien, pero está en la pelea por la Liga, a nada que mejore puede ganar algún título, que ya va siendo hora", afirmaba Francis, llegado de Bélgica para apoyar a su equipo. "El árbitro, una vez más, nos ha atracado. Si no, no se entiende que no concediera el gol de Sergio Ramos. Siempre se repite la misma historia". Tras él, sus compañeros coreaban: "¡Atraco!".
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