Tomás Guasch | 08/10/2006
Es un nuevo fracaso. Pese a que el segundo tiempo de la Selección fue bueno hasta que llegó la puntilla de Allback. Quizá hasta sea un caos y un despelote, pero que es un nuevo fracaso, eso no se discute. Al 0-0 en Islandia le siguió el 3-2 de Belfast y el 2-0 de ayer. Tres salidas y ni una victoria ante tres equipillos. Porque Suecia no es un gran equipo. Ni siquiera un buen equipo. Tampoco lo son Islandia, a la que Letonia le metió cuatro ayer, ni Irlanda del Norte. Pero, ¿y España? Sí, es probable que el primer gol sueco llegara precedido de fuera de juego de Elmander. Y en la jugada anterior el segundo tanto se produjo un gol fantasma, tras cabezazo de Puyol que despejó Hedman quizá rebasada la línea de meta. O sea, que además no hay suerte. Pero flagelémonos: España tiró por la borda la primera parte y sólo mejoró cuando salió Iniesta, casualmente. Pero jugando con una cierta idea 45 minutos no se le gana a nadie ya. Ni a un equipillo.
La salida del equipo español fue horrorosa. La idea de dejarle la iniciativa a los suecos (servidor no se lo creyó nunca, porque a ver cuándo Suecia ha salido a jugar como Brasil, por más que vista de amarillo), saltó por los aires a los nueve minutos por culpa de un gran error de la defensa y de Casillas, que permitieron que Elmander abriera el marcador en la primera llegada de su equipo. Así, la estrategia del contragolpe murió al nacer y España se manejó hasta el descanso como un equipo triste, débil, sin capacidad de reacción. Atrás, ninguno de los cuatro zagueros (cuatro por un delantero sueco), dio sensación de seguridad. En la zona ancha, ni el nuevo Angulo ni el clásico Albelda ni Xavi ni tampoco Cesc, que se entonó al final, supieron templar y mandar contra la corriente del gol en contra. Torres y Villa, arriba, eran dos islotes, dos Robinsones aislados a su suerte, mejor el Guaje siempre. Angulo y Torres se acercaron a Shabban, pero hasta ahí.
Tras 45 minutos tirados por la borda, Luis movió ficha y puso a Iniesta. Y todo cambió. Hombre, no es que del desastre pasara el equipo a lo sublime. Pero hasta la jugada del 2-0, Angulo, Torres por dos veces, Villa en otras dos y un cabezazo de Juanito pudieron darle a la Selección un empate que estaba mereciendo. Pero como no hay un plan fijo, como en esta ocasión el equipo varió dibujo y bandera, si la suerte no te acompaña, el equipo queda a la espera de cazar un balón salvador que esta vez no llegó. Rondó, pareció que iba a llegar, pero el equipo no tuvo la capacidad de reacción necesaria para darle la vuelta a la tortilla a un partido que, normalmente, una España alegre y no la depresiva de ahora, un España ilusionada y feliz, y no la España liosa y triste que es en este momento, no habría perdido... ni chutando contra su propia portería. Que el equipo español no esté entre los dos primeros de este grupo es de sonrojo. Gordo.
Y es que lo de ayer fue un querer y no poder con sabor a final de etapa, que no de ciclo, pues éste acabará, para bien o para mal, con la disputa de la fase final de esta Eurocopa que se la puesto a España muy cuesta arriba. En realidad, el empate de Irlanda en Copenhague fue lo único rescatable para el fútbol español en este infausto 7 de octubre de 2006. Suecia, con nueve puntos en tres partidos, se dispara en el primer puesto del grupo, y España parece condenada a jugársela con Gravesen y sus paisanos en pos de una segunda plaza que en este momento tiene perdida. Suecia, Dinamarca y compañía no son gran cosa, pero saben a lo que juegan. España no lo sabe. Y esa es la reflexión que debe realizar con sello de urgencia un Luis Aragonés irritante al final del partido, empecinado en un "yo sigo" que no se sostiene puesto que la situación deportiva y la del entorno del equipo merecen, al menos, un seleccionador dispuesto a plantearse si su presencia al frente de la tropa es o no aconsejable. Para la tropa y para él mismo. El show con Raúl, el de Joaquín y este KO añaden sal a las heridas de este equipo abierto en canal, que nada transmite y al que le urge una reflexión de sus máximos responsables. ¡Por lo menos eso!
Y el fracaso alcanza a Luis, desde luego, pero apunta más arriba. No hay estilo, no hay plan, no hay apenas nada en el equipo y en el entramado que le dirige. El resumen final de Luis casa perfectamente con la ausencia de autoridad moral en un club, el Club España, al que dirige Ángel Villar y le secundan, Juan Padrón y Joan Gaspart, presentes ayer en Rasunda: los dos directivos más desprestigiados estos últimos diez años (por ser generosos en la cuenta) en nuestro fútbol, sin lugar a la menor duda.
Suena, sí, a final de etapa cuando la competición se para hasta finales de marzo y da para un cambio deportivo con todas las de la ley. Pero no nos engañemos: la regeneración de nuestro fútbol no alcanza con un simple cambio de técnico. Ni Lotina, ni Del Bosque ni ninguno de los que entran en las quinielas como sustitutos de Luis sólo porque están sin equipo, tienen la varita mágica que les permitiría darle la vuelta a esta situación de siniestro total.
España perdió ayer ante Suecia, que no tuvo a su mejor futbolista, Zlatan Ibrahimovic, y que ha jubilado a su mayor goleador, Larsson. Ningún aficionado español puede extrañarse por el desenlace del partido ni siquiera por cómo se produjo la derrota. Porque estoy es lo que hay, en una España en quiebra técnica y necesitada por lo tanto de una inaplazable reactivación.
¿Raúl? Sí, de él no hemos hablado. Seguramente con él, España habría perdido igual. Su ausencia sólo confirma que el mal no es un futbolista. Ni siquiera dos, tres o cuatro. El mal es más profundo. Es el de un modelo en quiebra.
Los aficionados españoles desplazados en Estocolmo terminaron indignados con la Selección. Alrededor de unos 200 al término del partido se agolparon junto al autocar de la Selección y manifestaron su descontento. Recordaron a Raúl, coreando su nombre; siguieron con Luis, al que pidieron su dimisión y, a continuación, entonaron cánticos más agresivos: "Menos millones y más c...", "Tanto autocar para tanta basura". "Y encima, sólo Ramos ha saludado a la afición desde el centro del campo", dijo un enojado aficionado español.
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