J. H. | 22/07/2008
La evolución de las deudas de los clubes había entrado en un positivo descenso desde que alcanzara su tope en 2003. Fueron cuatro años de progresivas mejoras, y no es casualidad que el repunte al alza coincidiese con la aparición de la Ley Concursal. En 2007 se rompió esa línea y volvieron a incrementarse las denuncias y las cantidades impagadas.
En 2007, el Alavés utilizó la táctica de acogerse a la Ley Concursal casi en el último momento. No descendió a Segunda B pese a que mantenía una deuda con sus futbolistas ligeramente superior a los cinco millones de euros
En cambio, históricamente no todos tuvieron igual suerte y los agobios de muchos clubes por los impagos en ocasiones se saldó con el descenso.
En 2006, el Badajoz fue el único que no saldó sus deudas y fue descendido a Tercera. Un año antes, el damnificado fue el Arteixo.
En 2004, Tenerife, Xerez, Rayo y Las Palmas se salvaron a última hora y sólo bajó el Logroñés, que cayó a Tercera. Curioso caso el del Logroñés, que ya había descendido a Segunda B por impagos en el 2000, junto con el Mérida.
En el año 2002, el Burgos sufrió el infierno de perder la categoría. Bajó a Segunda B, pero en aquella ocasión la razón fue por no poder convertirse en Sociedad Anónima Deportiva.
La Liga guarda en su historia muchos casos de descensos administrativos, pero jamás uno de un equipo de Primera.
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