Eva Sabariego | 02/03/2007
Juande Ramos es un hombre de fútbol, de esos que rezuman balompié por los cuatro costados, de los que no entienden su existencia sin este deporte. Es su profesión y su vida. La misma que se puso en peligro el pasado miércoles en un acto incalificable y que, afortunadamente, no corre peligro alguno. Las pruebas médicas a las que fue sometido el técnico sevillistas en la mañana de ayer volvieron a descartar cualquier lesión de gravedad y al de Pedro Muñoz le faltó tiempo para dirigirse a la Ciudad Deportiva sevillista donde se entrenaban sus pupilos, después de ofrecer una rueda de prensa en la clínica donde pasó la noche. Eso sí, de copiloto y en el coche del preparado físico, Marcos Álvarez.
Juande estuvo muy pendiente de su plantilla desde el banquillo, donde estuvo acompañado por los capitanes, e incluso conversó con los jugadores al término de la sesión. El preparado manchego pudo notar el calor y el cariño de los aficionados que ruborizaron al técnico tras despedirle con aplausos. Tampoco tuvo impedimentos el entrenador para repetir la comparecencia de prensa en la Ciudad Deportiva.
No recuerda el gol de Kanouté, pero sí el choque vital que mañana les enfrentará al Barcelona. Estará 48 horas de reposo por prescripción técnica y su presencia en el banquillo aún es duda.
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