Javier R. Beltrán | 27/09/2007
Protestaba Caparrós en la víspera por el complejo de inferioridad que parece instalado en Bilbao con los rivales que visitan La Catedral. Que el Athletic debe ser uno mismo y olvidarse del rival que tiene enfrente. Pues su equipo no demostró de salida ese talante, ya que inició el partido muy metido atrás, esperando a ver por dónde llegaba la primera bofetada. Y Agüero, que en San Mamés parece jugar en zapatillas de casa, aprovechó el primer desajuste rojiblanco para provocar un incendio. Los leones, a remolque en todos los aspectos, carecieron de ideas para llegar hasta Leo Franco. Bien es cierto que pudieron empatar pronto, con esa volea que Joseba Etxeberria estrelló con calidad en la base del poste. El ex internacional parece mirado por un tuerto: 52 partidos seguidos sin golear ante su público.
El Atlético, poniendo a raya a Aduriz de buena y mala manera en el juego aéreo, no mató el partido porque ahí estaba Gorka. Los leones trataron de hacer honor a su apodo y llevar el partido a lo físico, pero había poca chicha en el campo. Así que Vélez fue llamado a la carga. Y su entrada surtió efecto. Los de Aguirre se achantaron y pasaron ciertos apuros. Sin embargo, Forlán zanjó la discusión con un excelente disparo desde la frontal. El dúo colchonero festeja que el Athletic siga en Primera, porque cada vez que se topan con él, su moral sube muchos enteros. Entre la pegada de ambos equipos media un gran abismo. ¡Ay Urzaiz, cuánto te echan de menos!
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