Víctor Fernández | 04/03/2007
El Sevilla dinamitó la Liga dando una lección de buen fútbol, casta y valentía. Este equipo armado alrededor de un grandísimo entrenador, Juande Ramos, tocó la gloria (que le pregunten hoy a los sevillistas) destrozando al poderoso Barcelona, que salió de Nervión preguntándose aún por dónde habían llegados los indios. Sólo gracias a una indestructible fuerza mental y a la creencia en los valores propios, un equipo puede firmar lo que hizo anoche el Sevilla. Superó un gol en contra y la sentencia de un penalti y expulsión. No se rindió ante las contrariedades y el arranque insultante del cuadro catalán. Es más, pareció que quiso entregar demasiado para demostrarles a los que aún tienen dudas que está listo para ganar la Liga. Es la gran conclusión de la noche. La máquina de Juande ya había ofrecido argumentos para creer en su candidatura para embolsarse el campeonato. Después de la estocada al Barcelona, que pudo terminar goleado, las dudas se han disipado.
Y mucha culpa de ello la tuvo Juande Ramos. La lección de fútbol que ofreció su equipo puede ocultar su valentía a la hora de manejar el partido. Pese a la expulsión de Ocio, el técnico colocó a Poulsen de central y mantuvo a Kanouté y Kerzhakov en el campo. El mérito es suyo y su ambición y la apuesta por la victoria tuvo su recompensa.
El partido era anunciado en los carteles como el gran duelo por la Liga y no defraudó. Tuvo de todo y demostró que de estos dos rivales deberá salir el próximo campeón. Un cambio constante de acontecimientos, dominios, expulsiones, golpes y alternancias armaron un espectáculo futbolístico para enmarcar. Rijkaard apostó, como en Zaragoza, por ese 3-4-3 que recuperó los sueños de los catalanes. Era otra apuesta valiente, pero con algunos matices. Zambrotta y Gio se abrían para controlar más de cerca a los misiles Adriano y Navas. Dos centrocampistas con misiones de laterales. El Barça se lanzó a tocar, tocar y tocar. Este equipo convierte las posesiones de balón en su arma más letal. No entiende el fútbol si no es con el contacto continuo con la pelota. Así creó el primer tanto. En una de sus tiralíneas, Zambrotta rompió por su costado y su centro lo remató con comodidad Ronaldihno. Dragutinovic y Ocio parecían más pendientes del eclipse lunar que del partido. La lentitud les jugó una mala pasada.
El Sevilla parecía mentalmente maniatado por el potencial del contrario. Lo intentaba, pero se quedaba en el camino una y otra vez. Con ese panorama algo frustrante, Poulsen se equivocó mandando el balón atrás, Ocio necesitó la Plaza de España para darse la vuelta y tuvo que hacer penalti a Ronaldinho para evitar el segundo castañazo. El central, que tuvo la noche estrellada, era expulsado. El pleito parecía listo para sentencia. Pero emergió, otra vez, la salvadora figura de Palop. Ahí cambió todo.
Juande mantuvo todo el arsenal ofensivo y dio órdenes de morir atacando. Comenzaba la lección de casta y fútbol que deslumbró a todos. Kanouté se convirtió en el referente en el centro del campo; Alves, en una peligrosísimo cerebro y Kerzhakov, en la bala que hizo el primer tanto y que provocó la falta que permitiría finalmente que Nervión llorara de alegría.
Con el empate, Rijkaard volvió a los cuatro centrales. El Sevilla cavó su trinchera y esperó agazapado a su rival. Messi y Giuly lo intentaban, Ronaldihno casi no apareció. Fue entonces cuando se desató el huracán. Alves hacía el segundo tanto de falta directa, González Vázquez expulsaba injustamente a Giuly para cubrir la roja a Márquez que se comió. El Barcelona estaba atascado y sorprendido por las contras rojiblancas. Saltaban las alarmas. El técnico holandés se lanzó a por todas con Etoo y Saviola, pero se encontró con la expulsión a Zambrotta. El duelo terminó con el Sevilla armando contras letales. Kanouté y Alves pudieron igualar el golaverage. Hubiese sido un premio extra a un partido sensacional. El equipo de la casta y el coraje está listo para ganar la Liga.
Kerzhakov
El ruso disputó su mejor partido con el Sevilla. Hizo un golazo y fue letal en sus rápidos contragolpes.
Ocio
No fue su noche. El central estuvo lento en el gol de Ronaldihno y en el penalti que le hizo al brasileño.
Kanouté
Su lección de fútbol fue extraordinaria. Jugó mucho tiempo de centrocampista y lo hizo a lo grande.
Márquez
Tuvo que emplearse con dureza para frenar a los sevillistas. El colegiado le perdonó la expulsión.
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