Fabián Ortiz | 17/05/2006
Ya no es a través de internet, en páginas de subastas, ni mediante anuncios en prensa. Ahora los revendedores de las poquísimas entradas que aún andan rondando el Stade de France piden el dinero en la mano. Y no es calderilla: 1.500 euros por un trocito de papel que, en el mejor de los casos, apenas excede los 100.
No se descarta que algún desesperado acabe por pagarlos.
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