M. Á. Santos | 21/10/2007
Como los U-Boot de la Kriegsmarine alemana en el Atlántico, durante los primeros años de la II Guerra Mundial, el Submarino Amarillo localizó los puntos débiles del acorazado azulgrana y lo hundió en poco menos de media hora, lo que necesitó para descubrir que con grandes nombres no se mantienen los barcos a flote y para lanzar tres torpedos (en el 2', el 12' y el 34') que acabaron con él.
Otra vez, la prueba de Villarreal se le atragantó al todopoderoso Barça. Ahora sería fácil decir que, a lo mejor, con un Ronaldinho resacoso le hubiese ido mejor al equipo barcelonista. Pero tras lo visto ayer, uno se puede aventurar a sugerir que ni por esas, que el Barça ni supo ni pudo lanzar suficientes cargas de profundidad para frenar las acometidas de un rival que aplicó a la perfección las tácticas de acoso y derribo, hasta escorarlo.
En un plisplás. No hubo sorpresas en la salida al océano verde, pero sí en la eficacia de cada uno de los planteamientos de los dos comandantes. A Pellegrini le funcionó su doble línea en el centro del campo, y sus cinco hombres de la medular ahogaron en seguida a los tres bajitos de Rijkaard. Tanto, que consiguió que Iniesta pasase casi desapercibido y que, por contra, el color amarillo se impusiese paulatinamente en la parte del campo que defendía el azulgrana. Tan raudo fue el despliegue táctico del Villarreal que, a los dos minutos, Santi Cazorla percutió de pared con la espuela de Guille Franco y batió a un Valdés que todavía estaba acomodándose los guantes.
Un gol tan rápido tuvo dos lecturas por el periscopio: Oleguer iba a ser un coladero por su banda y el Barça las iba a pasar canutas si no se hacía con el balón y marcaba el ritmo del partido. Apenas diez minutos después, sin que Rijkaard y sus hombres hubiesen comprendido en serio lo que tenían en frente, llegó el segundo tanto local. Un penalti a la francesa: Pires supo zafarse de Abidal, que tocó balón pero también barrió la pierna de su compatriota por detrás. Senna puso el 2-0 y al Barça no le quedaba más remedio que dejarse de zarandajas y reaccionar. Si no, el partido se le iba de las manos para siempre.
Al quite acudieron los jabatos culés, Messi y Bojan, los únicos inquietantes ante un Henry que no se enteraba de qué iba la batalla. El argentino, insistente, acabó encontrando un pase interior que el catalán supo intuir para robarle la cartera a Javi Venta, definir como un veterano del área y convertirse en el goleador más joven de la historia del Barça y en el tercero de la Liga.
Con apenas 24 minutos de juego, habría partido sólo si el Barça aprendía la lección. Pero no tuvo ni diez minutos para hacerse a la idea, porque otra vez Pires desbordó a Abidal, se fue al centro... y a Milito la mano. No a Mejuto, que, cual David Copperfield, transmutó la tarjeta roja en amarilla a pesar de que el argentino era el último hombre. Lo que no pudo evitar fue que Senna engañase de nuevo a Valdés e hiciese subir un 3-1 que ponía a flote al submarino y hundía en la miseria al acorazado.
Un 3-4-3 desesperado. Hay que reconocer que Rijkaard tuvo la decencia de hundirse con el barco, de morir intentando matar. En la reanudación dejó en la grada al inoperante Oleguer y se la jugó con la táctica más ofensiva y, a la vez, más arriesgada: un 3-4-3. Objetivo: darle la vuelta al marcador. Riesgo: que el Villarreal aprovechase para dársela a él. Pasó lo peor que podía imaginarse, porque el Villarreal exploró y explotó las vías de agua del acorazado barcelonista. Por contra, la entrada de Giovani, primero, y de Gudjohsen por el descontrolado Deco (que se lesionó solo, en la ingle, tras ver su quinta amarilla), no sirvieron de mucho al Barça, que siguió dependiendo de las genialidades de Messi y echando en falta a Henry, ayer en la luna de París.
El Barça abandonó con el rabo entre las piernas la ciudad que apenas llenaría una cuarta parte del aforo del Camp Nou. El pez chico volvió a comerse al grande y, además, le dejó sangrando y sangrante: dudas en su ego y en su juego, y Deco, baja para un mes. O sea, tocado y hundido.
El detalle: Bojan, tercer goleador joven
Bojan se convirtió en el tercer goleador más joven de la historia de la Liga y en el primero del Barça. A sus 17 años, un mes y 23 días, superaró a Messi en precocidad (17 años, 10 meses y siete días), y sólo está por detrás de Xisco (Villarreal, que con 16 años anotó en 2003) y Mena (Valencia), que en 1941 marcó siendo 17 días más joven que el barcelonista.
Deco Estaba a una amarilla de la suspensión, y se la ganó a pulso a lo largo de todo el partido.
G. Franco Dio el toque más bonito del encuentro en su pared con Cazorla. Se la devolvió de tacón para que marcase.
Oleguer La banda derecha del Barça quedó pronto desguarnecida. Rijkaard lo cambió en el descanso.
Pires Fue el percutor que abrió las heridas en la defensa azulgrana. Provocó los dos penaltis y fue un incordio.
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