Tomás Roncero | 19/06/2007
El 22 de junio de 2003, el Mesón Txistu asistió a la celebración más triste que jamás se recuerde de un alirón liguero. Hierro discutió airadamente con Florentino, los jugadores amenazaron con no ir a las instituciones y la revuelta acabó con Del Bosque y el capitán firmando el finiquito. Los camareros recuerdan el silencio de aquella noche, sólo roto "por las broncas del presidente y de Valdano con algunos jugadores". Hasta el pasado domingo, el destino castigó tanta necedad con cuatro años de sequía que dibujaron el fin de la era galáctica. Pero esta Liga número 30 representó la recuperación de los valores tradicionales del club: buen rollo, exaltación de la amistad, buen humor...
AS fue testigo de la metamorfosis vivida por jugadores, cuerpo técnico y presidente a la hora de festejar esta Liga tan querida como la Séptima. La edición nacional de AS ya estaba calentita en el Txistu a las 2:15 horas de la madrugada, con Pepe Sáez (presidente de la Federación Española de Baloncesto), eufórico con la salvación de su Betis, cenando en la mesa contigua a la de Megía Dávila, árbitro del Racing-Betis.
A las 3:05 llegó Capello, que fue aplaudido sin excesivo ardor por unos comensales que lo que buscaban era una excusa para acceder al ala sur del restaurante, donde Tom Cruise, su esposa, Vicky Adams y la madre de Beckham cenaban a la espera de que el crack llegase del cóctel del Antepalco del Bernabéu. Y aparecieron los héroes. Raúl, Van Nistelrooy, Salgado, Cannavaro, Guti... ¡Y Beckham! David fue aclamado entre chuletones de buey y desatada ingesta del irrenunciable Malleolus, el vino favorito del 23.
Bromearon con la portada de AS, pasándosela Beckham a Raúl y logrando que Tom Cruise posase orgulloso junto al capitán. ¿Misión Imposible? En absoluto. Míchel y David bromearon canturreando la sintonía de la popular saga cinematográfica del actor y éste los dejó boquiabiertos subiéndose a una barandilla de madera para hacer filigranas entre gritos de admiración y el clásico "Campeones, oé, oé oé".
Calderón y su esposa Teresa llegaron a las cuatro. Cansados pero felices. El presidente cogió un AS y amagó un leve "cumpleaños feliz" a Capello, pero éste no le siguió. Confirmado. No serán amigos para siempre...
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