FOTOGALERÍA - 5/10/2007
MALLORCA 2 - ESPANYOL 2. Arango marcó en las dos porterías, mientras Güiza y Tamudo se reivindicaron como los delanteros-estrella de sus equipos en un partido eléctrico.
ALEJANDRO CIRIZA | 28/10/2007
El tanto de 'Tití', que se estrenaba como goleador en el coliseo barcelonista, dio los tres puntos a un Barça que no termina de despegar, que juega a medio gas y que depende en exceso de la inspiración de Messi -en el banquillo- o las fugaces apariciones de sus astros.
El guión de juego, el papel de las estrellas, no varió en exceso con respecto a las visitas a Villarreal o Glasgow. El Almería, consciente del quiero y no puedo azulgrana, ofreció una digna resistencia que duró treinta y siete minutos. Hasta ese instante, el aguerrido equipo de Unai Emery puso en serios apuros a su rival y tan sólo la línea defensiva de los de Rijkaard, bien comandada por Milito y Puyol, frenó el ímpetu y el atrevimiento de los andaluces.
Al margen de un par de pinceladas de Ronaldinho a balón parado, fue el Almería quien tomó el mando del choque con mayor decisión. Bien posicionados atrás, expeditivos en la medular y muy incisivos en la zona de ataque, los jugadores almerienses anularon el arsenal azulgrana y acariciaron el gol de no ser por una providencial aparición de Puyol cuando Negredo se disponía a engatillar.
Ni Iniesta ni Xavi lograron imponer su criterio. Si acaso Touré, que en su regreso dotó al centro del campo de la consistencia y la naturalidad que exigía. No obstante, la aportación del marfileño no pudo encubrir el pobre juego azulgrana, que tan sólo pudo encontrar el gol en una jugada en la que Henry arrancó en posición irreglamentaria. El ariete galo rompió su sequía tras aprovechar un rebote tras un pase vertical de Touré y una indefinición de Giovani.
Messi pone la puntilla
El Almería acusó el golpe en la segunda mitad. Cedió el balón al Barça y esperó las acometidas de la oxidada maquinaria azulgrana. Rijkaard debió ver bien el panorama y decidió sentar a Puyol, Touré y Ronaldinho, que una noche más, ofreció una versión muy lejana de aquella que hizo vibrar al Camp Nou.
El brasileño, que sólo ha jugado un partido de Liga completo, se retiró del terreno de juego y cedió el testigo a Messi. La incursión de la Pulga nutrió de velocidad al partido, hasta entonces enmarañado y sin apenas ocasiones de gol.
Si el gol de Henry condenó al Almería en la primera mitad, sus escasas esperanzas de arañar alguna recompensa se desvanecieron con una nueva decisión de Ayza Gámez, que pitó un dudoso penalti en una internada de Giovani en la que fue ligeramente trabado por Bruno. Messi transformó la pena máxima con sangre fría y sentenció una contienda en la que el Barcelona, atascado, gris, poco solvente, se encontró con una victoria de saldo. Pan de hoy, hambre para mañana.
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