"Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno". Ni siquiera este verso de Machado se atrevería a usarlo Vicente del Bosque para definirse. Humilde y buena gente, el seleccionador culminó en Sudáfrica un currículum plagado de éxitos.
Un premio más que correcto.
Heredó una selección campeona y pasó por todo. De las críticas de la prensa se llegó hasta el ataque furtivo del ex seleccionador. Impasible el ademán, defendió a los suyos, mantuvo la unidad, potenció el buen juego y no pegó ni un salto tras ganar el Mundial. Es más, señaló a sus jugadores como artífices. Por todo ello se merece el premio. Por eso y porque es lo que su hijo Álvaro cree lo más correcto.
Vigente poseedor del título, Guardiola no ha dejado que los focos afecten lo más mínimo su trabajo. Su año no fue tan considerado por títulos, pero sí honrado por el juego que desplegó su equipo cada semana.
Ni un gramo de relajación.
Venerado hasta la extenuación, ya se habla de este Barcelona por casi todo el orbe como mejor equipo de la historia. Algo que no le sirve al técnico de Santpedor. En su pizarra siempre habrá algo que mejorar, algún punto que potenciar, algún chaval por descubrir. Por sus manos sigue pasando una joya de equipo y en su haber está el no haber cedido a la relajación tras la borrachera de títulos de 2009.
No tuvo ninguna duda. "He ganado todos los títulos que he disputado con el Inter. Ahora en el Madrid sigo vivo en las tres competiciones y en condiciones de ganarlas. De uno a diez este año me pongo un 11", dijo Mourinho sobre sus méritos.
Un triplete 'neroazzurro'.
Razones no la faltan. Tras haberlo ganado todo con Oporto y Chelsea, 2010 supuso su explosión como técnico del Inter de Milán. Imitó lo realizado el año anterior por el Barcelona y ganó el Scudetto, la Coppa y la Liga de Campeones. Con los títulos aún frescos, aterrizó en Madrid para un proyecto de cuatro años que, dice, quiere cumplir. 2010 ha sido su año y espera verlo ahora reconocido.