Sólo tiene 23 años y ya parece un clásico en la gala del Balón de Oro: tercero en 2007, segundo en 2008, ganador en 2009 y, pase lo que pase, feliz en 2010 por compartir podio con dos compañeros de casa y de equipo: La Masía, el Barcelona. Gane quien gane en 2010 cuesta imaginar en el futuro el club de los jugadores con dos Balones de Oro (hoy, seis integrantes) e incluso el de tres (más selecto: Cruyff, Platini, Van Basten) sin este futbolista que concentra en 169 centímetros uno de los arsenales de talento más improbables, deliciosos y demoledores de la historia del fútbol. Su crecimiento se mide casi en semanas y partidos, ya ni siquiera en meses, y sólo hay algo que impresione más que su presente: su futuro.
El ojo de Rexach.
Messi es esos 23 años y esos 169 centímetros, rastro de su deficiencia de la hormona de crecimiento que le llevó al Barcelona, el equipo que podía y quiso pagar el tratamiento que River Plate quería pero no pudo pagar. Fue Carles Rexach el que se convenció apenas verle jugar. El resto es historia para el Barcelona y para el fútbol. Su lunar, ya el único, es que le falta cuajar de forma definitiva con la selección absoluta de Argentina (fue campeón olímpico). En el pasado Mundial se le escapó una ocasión ideal y seguramente muchas de las opciones de hacerse con un Balón de Oro que merecería sin ninguna duda por sus méritos con el Barcelona.
Puro talento.
En el campo, Messi es puro talento, un jugador delicioso. Inteligente, rápido de piernas y cerebro, vertical, instintivo y con una creatividad extraordinaria e indefendible para los contrarios. Pasó de la media punta a la banda y de ahí de nuevo a la zona central. Ahora juega como falso delantero con libertad absoluta. Se filtra entre líneas, define como un goleador y crea juego y asiste como un media punta. Sus remates de seda, sus slaloms imposibles y sus combinaciones dentro de la ingeniería de juego del Barcelona son marca registrada. Dicen que los genios son aquellos que ven el mundo de manera diferente al resto. Sucede con pintores, arquitectos, poetas, cocineros y también con deportistas. Así es Messi y su fútbol: puro genio.