Viernes, 01 de Junio de 2012
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José Luis López | 09/11/2007
No sólo es importante lo que se hace en la pista. También es determinante todo aquello que se realiza fuera de ella.
Podríamos definir el entrenamiento invisible como todo aquello que realizamos fuera de la pista. Su importancia en el rendimiento deportivo es fundamental. Entre los componentes del entrenamiento invisible se encuentran las horas y la calidad del sueño, las prácticas de fisioterapia (masajes, sauna, hidroterapia, crioterapia), la nutrición, la preparación biológica mediante ayudas farmacológicas (evidentemente, productos legales y permitidos), un estilo de vida saludable, etcétera.
Es tal la importancia del entrenamiento invisible, que hasta podríamos llegar a decir que el entrenamiento no entrena sino que desentrena; lo que realmente entrena es la recuperación. Evidentemente, sin estímulos de entrenamiento un deportista no ofrecería un buen rendimiento, pero la clave para asimilar ese entrenamiento, para poder rendir en mejores condiciones al día siguiente, es la recuperación.
Está claro que un futbolista presenta mejor rendimiento físico en el minuto 1 de un partido que en el 89, pues su capacidad funcional ha bajado a causa del cansancio. Por eso, ese estímulo, partido o entrenamiento momentáneamente le ha desentrenado. Pero gracias a una buena recuperación, a un buen entrenamiento invisible, posteriormente su nivel de adaptación o de forma será mayor.
De nada sirven las 2 horas de entrenamiento diario si las otras 22 horas el deportista no lo es también. El americano Dan O' Brien, que llegó a ser el mejor decatleta del mundo, decía que debió vivir como un campeón del mundo incluso antes de serlo.
Y la conocida atleta Marta Domínguez reconoce que además de sus dos sesiones de entrenamiento diarias, una de las claves de sus éxitos es dormir 12 horas al día. Esa es la clave: ser deportista las 24 horas del día.