Miércoles, 15 de Febrero de 2012
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José Luis López | 30/11/2007
El principio de la individualización de la carga de entrenamiento y la adecuación a la edad indica que cada persona, en función de sus características individuales (físicas, técnicas y psicológicas), presenta un proceso de adaptación diferenciado y propio. Así, las cargas de entrenamiento deben de estar de acuerdo con las características internas del organismo de cada deportista, de su nivel de rendimiento, de años de entrenamiento, edad biológica, nivel de asimilación de cada ejercicio o sesión concreta, etc... Para un mismo rendimiento, dos deportistas no tienen por qué tener necesariamente igual fuerza, resistencia, flexibilidad, habilidad técnica,...
Por eso, es un error programar los mismos entrenamientos para, por ejemplo, todos los jugadores de un equipo de fútbol. Diferenciar sólo entre porteros y el resto de componentes de la plantilla no parece suficiente. Hay que individualizar jugador por jugador, aunque eso suponga mucho más trabajo para los técnicos. Evidentemente, habrá muchas coincidencias y se requerirá el trabajo colectivo, por ejemplo, para el entrenamiento de las sesiones tácticas. Pero la individualización es fundamental.
Recientemente tuve la ocasión de realizar la valoración funcional de la fuerza de un equipo español de fútbol de Primera División. Llegué a la conclusión, por ejemplo, de que los dos delanteros centro, de parecido peso corporal, debían trabajar en el ejercicio con pesas de media sentadilla con cargas muy diferentes: uno, exactamente el doble de kilos que el otro. Eso sí, con esa carga óptima, ambos trabajaban desarrollando su máxima potencia y obtenían los mismos beneficios.
Igualmente, comprobé que para realizar un trabajo de fuerza de la misma orientación, por ejemplo de fuerza explosiva, había jugadores más resistentes que tenían que realizar hasta doce repeticiones y otros, más explosivos, sólo cinco. Si los primeros se hubieran parado en ocho repeticiones (posible estándar de la fuerza explosiva), hubieran desperdiciado los efectos beneficiosos de cuatro repeticiones más desarrollando la potencia adecuada. En cambio, si los segundos hubieran llegado a esas ocho repeticiones estarían con niveles de potencia muy bajos que no inciden sobre la mejora de la fuerza explosiva. Trabajarían de más para nada y podrían tener incluso adaptaciones no deseadas.