Miércoles, 15 de Febrero de 2012
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José Luis López | 15/12/2007
Cómo podríamos ganar en un pulso a alguien que fuera más fuerte que nosotros? Se nos ocurre sólo una manera: llegando antes a nuestro máximo pico de fuerza, aunque fuera menor que el suyo y suponiendo que el nuestro no fuera muy malo, es decir, teniendo mayor explosividad. Por tanto, deberíamos sorprenderle en los primeros instantes. Si no lo conseguimos, luego ya será tarde, pues la mayor fuerza máxima de nuestro contrincante será determinante para que se imponga con rotundidad. Por tanto, podemos ser en general menos fuertes, pero tener mayor fuerza inicial (incluso antes de observarse movimiento externo), algo que viene muy determinado por las características innatas del sistema neuromuscular, fuerza de aceleración (al inicio del movimiento) y fuerza explosiva máxima (capacidad de ejercer la mayor cantidad de fuerza posible en el menor tiempo posible). Los velocistas, dotados de un gran número de fibras musculares rápidas, serían buenos en este ejercicio.
Esa es una de las claves del deporte, poder desarrollar grandes picos de fuerza en el menor tiempo posible. De hecho, la mayoría de las acciones deportivas son explosivas. Por ejemplo, un velocista apenas tiene 100 milisegundos para desarrollar fuerza en la fase de apoyo de su zancada. En la fase de vuelo no puede aumentar su velocidad, por lo que deberá generarla en las brevísimas fases de impulsión. Ahí es donde deberá alcanzar grandes picos de fuerza en un brevísimo tiempo.
Un chut en fútbol, un saque en tenis, un remate en voleibol, y tantas otras acciones deportivas, son ejemplos de la importancia entre fuerza y velocidad, es decir, de la explosividad.
En la salida de tacos de un velocista, el pico máximo de fuerza aplicada en cada taco es determinante para una buena puesta en acción. Por ejemplo, el subcampeón olímpico de 100 metros y plusmarquista europeo Francis Obikwelu, en tests de entrenamiento realizados para mi tesis doctoral, fue capaz de ejercer un pico máximo de fuerza de 126 kilos en el taco de atrás y llegó a ese valor en sólo 172 milésimas de segundo desde el disparo. Y aunque estemos hablando de extremidades diferentes, lo cierto es que nos sería muy difícil derrotar al portugués en un pulso.