Lunes, 13 de Febrero de 2012
¿Para qué sirve cada uno?
Comparte nuestras noticias con tus amigos en la red social que utilizan millones de personas en todo el mundo.
Comparte tus noticias favoritas con tus amigos.
Tuenti
Comparte nuestras noticias con tus amigos en esta popular red social.
meneame
Sitio web que se sirve de la inteligencia colectiva para dar a conocer noticias. Los usuarios registrados envían historias que los demás usuarios del sitio pueden votar.
Fermín De La Calle | 25/02/2007
Contará la historia que el 24 de febrero de 2007 Dublín amaneció encapotado, lluvioso, plomizo. Una riada humana desembocó en Croke Park procedente de O'Connell Street, principal arteria de la ciudad, a diez minutos a pie del estadio. El ambiente era eléctrico. Se palpaba una calma tensa. Inglaterra pisaba por primera vez el templo católico del deporte irlandés. Tierra enemiga, literalmente. Y lo sabían. Un orgulloso irlandés, Conor O'Shea, se lo había recordado días antes. "Para ustedes será un gran partido, para nosotros será mucho más que eso. Será una oportunidad de enterrar viejos fantasmas". Enterrar... Eso fue lo que ocurrió. La primera ministra irlandesa rebajó tensión en el calentamiento saludando en primer lugar a Phil Vickery, capitán inglés. Y los himnos sonaron en un ambiente cargado de emoción y respeto. Eddie O'Sullivan, seleccionador irlandés, advirtió a los suyos lo que estaba en juego: "Hoy no juegan ustedes, juega un país, tres generaciones de irlandeses. Contra Francia se puede perder. Ante Inglaterra y en Dublín nunca. Salgan y vuelvan como vencedores o no vuelvan. La historia les espera".
El partido arrancó tenso, nervioso. Al irlandés Easterby le pudo la ansiedad y su fuera de juego lo rentabilizó Wilkinson con un golpe de castigo. Pero O'Gara, el mejor del torneo a día de hoy, no estaba dispuesto a dejar a Jonny campar a sus anchas. Sus golpes (9-3) oxigenaron el ambiente. 30 minutos de juego, media hora de cortesía irlandesa.
A partir de ahí todo lo que se puede contar es... lo que O'Shea advirtió. La delantera irlandesa arrolló a Vickery y su gente. Engulleron al paquete inglés, el más temido, decían; gobernaron la touch y arrasaron a los ingleses a campo abierto con sus alas celestiales. Una jugada bautizada por O'Driscoll y bendecida por D'Arcy concluyó (no podía ser de otra manera) con Dempsey posando el balón en la zona de marca rival. O'Gara apabulló a los alas ingleses con sus patadas y su socio Stringer dirigió a su infantería y su caballería con diligencia y profusión. Irlanda jugaba con 82.015 jugadores. Y eso pesaba. En Inglaterra el mediático Farrell quedó en evidencia, Asthon cuestionado y su delantera asolada. Sólo Jonny, siempre Jonny, salvó la cara.
La primera vez que Inglaterra pisó el templo católico del deporte irlandés encajó más de 40 puntos. Nunca antes lo había hecho. Y Michael Hogan, el mártir de Croke Park, el jugador que murió en el campo fusilado por la policía inglesa, se tomó su particular venganza. Contará la historia que Irlanda enterró sus viejos fantasmas y junto a ellos... a Inglaterra.
NOTICIA: Gran ambiente; pocas protestas
NOTICIA: El espejo del público irlandés