Miércoles, 23 de Mayo de 2012
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Alejandro Delmás | | Gotemburgo - 13/08/2006
Eran las 18:45 horas de un sórdido sábado de agosto sueco que podía haber sido un lunes lluvioso de noviembre en Palencia o Madrid. Marta Domínguez Azpeleta acababa de colgarle el teléfono a José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. "Gracias", fue lo último que dijo Marta a ZP, tras describir al presidente cómo se había colado rumbo al oro "por un huequecillo que tenía ahí a la derecha". "Gracias a ti", le respondió el leonés Zapatero, justo antes de que la conversación se cortara. Entonces, una pregunta: "Y el próximo sueño, ¿cuál es, Marta...?" Y una respuesta, de la pequeña chica de ojos castaños claros: "Seguir siendo feliz". Una chica de oro, una mina de oro.
Ese "seguir siendo feliz" y ese oro que Marta embarca para Palencia casi contra su voluntad, abrazan decenas de sentimientos y miles de horas por caminos escarchados. Y ahí estaba Marta, la mano al pecho, en lo más alto del podio glacial, el oro al cuello, como preguntándose qué hacía allí, rumbo a la felicitación de Zapatero. El podio húmedo le goteaba mil preguntas sobre sus pesares y las semanas interminables, 170 kilómetros en siete días, inviernos descarnados de Palencia. Entre 2004 y 2005, Marta se llevó año y medio lesionada, con el tendón hecho cisco, y se propuso una cosa sobre todas: "Volver a ser la de antes".
En Ullevi, Marta no fue "la de antes". Fue más dura aún. Espoleada por José María Odriozola, la chica de la cintita rosa y los ojos castaños claros emocionó de nuevo a España en una galopada imposible. "Capadora", dirían en Palencia. Enfrentada a dos de las mejores del mundo: la rusa Shobukhova, plusmarquista mundial indoor de 3.000 metros, y la turca ex etíope Abeylegesse, plusmarquista mundial de 5.000 metros entre 2004 y 2006.
Siempre por la cuerda, sin presión, Marta controló el puente de mando de la calle uno. A 300 metros, Shobukhova lanzó el primer mordisco. Abeylegesse respondió, y el doble hachazo despidió a la británica Pavey. Con el bronce en la cintita, Marta vio el desgarro de la rusa y la turca, y se dijo: "Qué narices, ahora tiro yo".
Se coló por la derecha, y, con récord de los Campeonatos (14:56.18), convirtió la recta del Ullevi en una de esas crudas alamedas de Palencia, fábrica del oro de Odriozola. Las alamedas donde Marta Domínguez quiere seguir siendo feliz.
Marta Domínguez ha ganado ya cinco medallas en la alta competición. En los Mundiales fue plata en Edmonton 2001 y en París 2003 y en los Europeos tiene los títulos de las dos últimas ediciones (Múnich 2002 y Gotemburgo 2006) y el bronce en Budapest 1998. Y, además, tiene otras cinco medallas en sala.