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Alejandro Delmás | 06/06/2006
En la tierra batida "no hay sitio para los incompetentes". Esa frase es de Lleyton Hewitt. Ayer, Mr. Hewitt se encontró por primera vez en su vida ante un fenómeno curioso: el espejo ocre de la tierra batida le devolvía lo que debiera haber sido su imagen. Pero la imagen que mutaba en la lámina de arena era la de un ganador pálido y rabioso, una muralla ambulante, con bíceps mollares y bronceados, y sí, con una competitividad... enfermiza. Pero no era Hewitt. Era Nadal.
Entre pitos de los franceses, "Allez Australia", Nadal bajó a Hewitt a esa tierra en la que Lleyton sostiene que no hay sitio para los incompetentes. "Allez Australia" había que decirle a Bec Cartwright, la excelentísima Lady Hewitt, una delicia para la vista. Pero esta vez, el listo mapache de Manacor le robó el queso al demonio de Australia, que le había mordido tres veces en pista dura, sobre todo en su madriguera de Melbourne. Con algún problema de movilidad y sin pegada, Hewitt quedó condenado a hacer lo que Nadal le permitiera. Lo que Nadal permitió fue el segundo set, que Rafa concedió tras tener 4-3 y saque. Hewitt se puso levantisco, 3-2 y 15-40 en el tercer set sobre el servicio de Nadal, y sólo consiguió que a Nadal le ardiera la sangre. Desde ahí, Rafa ganó 10 juegos de 13 y mandó a Hewitt rumbo a Londres.
¿Decía usted que Nadal era listo? Listo, no: listísimo. En ese 2-3 y 15-40, salió del apuro a base de dejadas que rompieron los piececitos de Hewitt y su ánimo venenoso. A ver. 4-4, también en el tercer set. Ventaja Nadal. Otra dejada rompedora, sobre la línea y con efecto centrífugo. Ese golpe sentenció el set y decidió la cuestión. Y cuando el partido agonizaba, Nadal paró el juego para que atendieran a un recogepelotas al que un saque de Hewitt le había estallado en la nariz. El chiquillo se fue al botiquín y los gabachos aplaudieron el gesto de Nadal: con la misma gracia que en el Camp Nou aplaudían las virguerías de Zidane. Es que no hay manera, Rafa.
Rafael Nadal nunca se ha enfrentado con el serbio Novak Djokovic, que será su rival mañana en cuartos de final, tras eliminar a Gaël Monfils. Djokovic, un pegador del Partizán de Belgrado que aprovechó los problemas lumbares de Monfils, es un año más joven que Nadal. "Tira muy duro y tiene mucho potencial", dijo Rafa sobre el serbio. "Ante Nadal, lo mejor que me pasa es que no tengo nada que perder. Toda la presión está sobre él. Jugaré mi partido sin apuros. No tengo nada que perder, y ahora mismo sólo siento la gran satisfacción de estar en cuartos de final", dijo Djokovic. Ricardo Piatti, el mismo entrenador de Ljubicic, dirige hasta ahora los pasos del serbio, pero Djokovic planea cambios cuando acabe Roland Garros.