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Viernes, 01 de Junio de 2012

ENTREVISTA | John Carlin

"La final del 95 está en la memoria del siglo XX"

Concluimos hoy nuestra charla en dos capítulos con el periodista John Carlin, autor de un libro sobre Mandela y el rugby que será llevado al cine en los próximos meses. Una historia de honor, orgullo y convivencia.

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Tomás Guasch | 08/10/2007

Terminamos ayer con Mandela pidiendo la camiseta número 6 de la selección surafricana, la del capitán Peinaar, por la mañana de la final del Mundial'95 contra Nueva Zelanda, un rival que parecía inaccesible.

Una hora antes del partido, Mandela llegó al estadio. La tensión era descomunal en todo el país. En Soweto los bares estaban repletos de negros a los que antes nunca interesó el rugby (Durante los tiempos del apartheid, Soweto fue construida con el fin de alojar a los africanos negros que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos, como el área multirracial llamada Sophiatown. Hoy, la población de Soweto sigue siendo mayoritariamente negra. El nombre Soweto es una contracción del inglés "South Western Township" (Municipio del Suroeste), y no significa nada aparte de esto en ninguna otra lengua surafricana). En el estadio de Johannesburgo se daban cita 72.000 espectadores, el noventa y cinco por ciento de los cuales eran blancos. ¡Y qué blancos! La mayoría gente conservadora que, en su tiempo, había lamentado la excarcelación de Mandela y que no se habría manifestado en contra de su ejecución de haberse llevado a cabo.

Y se puso la camiseta de Pienaar.

Con ella saludó uno por uno a los jugadores, lo que produjo un silencio total durante cinco segundos para la historia. Hasta que estalló un clamor: 72.000 personas, el noventa y cinco por ciento blancas, rompieron a gritar: "¡Nelson, Nelson!" En aquel momento reconocieron que Mandela no era sólo su presidente sino su rey. Fue uno de los momentos más gloriosos del siglo XX.

Que el cuento acabara con un triunfo de Suráfrica fue rizar el rizo.

Siempre se dijo que nueve veces de cada diez ganaría Nueva Zelanda. Y ese día fue la excepción. Hablé con varios jugadores y me dijeron que su consigna fue un rotundo "¡No pasarán!" Y no pasaron. A poco de empezar, el placaje de un pequeño surafricano tiró por los suelos al gigante Lomu y el equipo de Mandela pensó que si eso había sido posible, todo era posible. No fue un gran partido, no hubo un solo ensayo. La línea surafricana resultó inexpugnable. "Jugamos para Mandela", me confesaron los jugadores. Pero faltaba el último golpe.

¿Y fue?

Como le decía, no hubo ensayos, todos los puntos llegaron por patada. El pateador surafricano, Joel Stransky, era judío, ¡el único judío que jugó al rugby en el mundo! Fue el héroe del día, pues anotó los quince puntos de su equipo.

Suráfrica logró el triunfo en la prórroga.

Sí. El partido acabó 9-9. Nueva Zelanda se adelantó en la primera parte de la prórroga, 9-12, y Stransky igualó. Mandela me dijo que jamás en su vida había estado tan tenso. Ni cuando lo iban a condenar a muerte. A falta de siete minutos para el final, con un drop, Joel puso el 15-12. "Fueron los minutos más largos de mi existencia; ellos eran los mejores del mundo, en siete minutos podían hacer cualquier cosa", me confesó el presidente. No lo hicieron; aquel día nadie podía detener a Suráfrica.

Y llegó el momento de la entrega de la copa.

Mandela se la dio a su amigo Pienaar, con su camiseta verde y el estadio gritando "¡Nelson, Nelson!" Mandela le dijo a Pienaar: "Gracias por lo que habéis hecho por nuestro país". Y éste le contestó: "Esto no es nada comparado con lo que ha hecho usted por nuestro país". Blancos y negros festejaron juntos, ese día se acabó la extrema derecha en Suráfrica, se acabaron las bombas, se consolidó la democracia y comenzó la estabilidad surafricana.

Y es curioso: ahora, diez años después, Suráfrica puede volver a jugar una final.

Sí. Y diez años después, los surafricanos siguen cantando el himno zulú con la misma emoción con que los argentinos cantan el suyo, por ejemplo. Y el mejor jugador de Suráfrica es Bryan Habana, que juega en la posición de Lomu...

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