Domingo, 23 de Noviembre de 2008
Fermín De La Calle | 15/03/2008
Decantarse en rugby por Gales o Francia equivale a elegir entre Sofía Loren o Mónica Belucci (Jude Law o George Clooney para ellas). Siendo bellezas diferentes, ambas resultan arrebatadoras. No es sólo lo que uno ve, es, sobre todo, lo que uno sospecha. Por eso es una gran noticia que el VI Naciones se dirima entre ambos, notables del rugby, Estados Vaticanos del catecismo oval. Más que defender un estilo, predican una fe.
A finales de los 50 Francia rompe a jugar a la mano convirtiendo el césped en terciopelo. El Profesor Mias, monsieur Lucian, aplicó los dictados darwinistas ordenando a su primera línea (Roques-Vigier-Quaglio) erguirse para evitar el contacto rival. Luego Jean Prat perfeccionó un estilo no por estético menos pragmático. Los éxitos obligaron a crear un término para definir el zen sobre el que gravita la grandeur rugbística. Lo bautizaron Flair. Sin significado, sólo flair. Una palabra inofensiva para el diccionario. Como el jogo bonito brasileño o el currismo trianero. Como Sofía...
No lejos de allí un sabio galés extrajo de los escarpados valles de sus mineras tierras la esencia rugbística de su pueblo. El tipo era Carwyn James y el resultado, la mejor selección de la historia, la Gales de los 70: John, Edwards, Davies, JPR, JJ, Bennet... Houdini y Copperfield habrían sido suplentes en un equipo al que James bendecía con una festiva arenga: "Salgan ahí y muestren al mundo lo que nosotros ya conocemos". Jamás nadie exhibió un rugby tan exuberante. Eran crooners que escondían el smoking bajo la zamarra. Mezcla de genialidad y divertimento, su escuela quedó definida por el término galés hwyl. Un palabra inofensiva para el diccionario. Como Mónica...
Si los 60 fueron galos y los 70 galeses, en los 80 Sella y Blanco portaron el cetro. 30 años de beluga y champagne aplastados en los 90 por el pick and go inglés. "Los riñones pisotearon la bella inconsistencia", advirtió L'Équipe poéticamente. Fueron años tenebrosos, de rugby prosaico. Gales, rebautizada como Los pollos sin cabeza por un diario inglés, perdió el oremus. Y Francia se cambió de acera: prefirió la testosterona a la bilirrubina. Pero Gatland y Lievremont les han devuelto el kharma. El primero ha ordenado el caos priorizando el coraje de su delantera, la magia de Shane Willians y el talento de Hook. El galo ha recuperado el porte altivo de su rugby.
Hoy en el Millenium se escenificará una oda al rugby. Francia está obligada a jugar al galope y vencer por más de 20 puntos para celebrar algo más que el regreso del champagne a sus bodegas. Pero Gales acaricia el Grand Slam. Gane quien gane, vencerá el rugby. Tras un Mundial gobernado por los orcos, en el VI Naciones saldrán victorioso hobbits y elfos. El rugby retorna a su punto G. Regresa la primavera. Y con ella, Sofía Loren. O Mónica Belucci. O quizás ambas.
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8 Gustavo - 15-03-2008 - 15:10:03h
se me han escapado una lágrimas con tus palabra. Grande Fermín. Viva el Rugby
7 Pepito Elhorga - 15-03-2008 - 14:43:46h
Felicidades Fermín, siempre es un placer leer tus artículos, pero este ha sido, sinceramente, precioso.
6 Javier Sanchez - 15-03-2008 - 14:03:05h
Senor de la Calle, siempre está usted hablando del tradicional juego a la mano francés y hablando de Laporte como el villano que traicionó la esencia del juego francés. Yo, personalmente no soy un gran entusiasta del ex-entrenador galo, pero creo que gracias a él el rugby francés se ha profesionalizado y ha puesto las bases de lo que puede ser un brillante futuro. Lo que quiero decir es que durante muchos años el equipo francés ha estado formado por jugadores con mucho talento pero sin la consistencia fisica para hacer frente al hemisferio sur o a los ingleses en algunos momentos. El célebre "french flair" les ha permitido realizar proezas increíbles pero puntuales y solo con eso no se gana un mundial. Gracias a Laporte se ha dado un paso adelante. Un ejemplo pueden ser Clerch y Rougerie que hace unos años no pasaban de ser unos jugadores bastante buenos pero condicionados por su físico; compare usted las fotos de antes y de ahora. Gracias al trabajo físico de la era Laporte se han convertido en extremos de primera linea mundial. El plus físico no puede matar el talento. Es verdad que Laporte quizás fue demasiado lejos en su apuesta y yo también me alegro de esta "vuelta a los origines" pero al Cesar lo que es del Cesar y si esta joven y prometedora generación francesa acaba por explotar, Bernard Laporte tendrá su parte de "culpa" en ello. Javier, Paris.
5 javiermartin - 15-03-2008 - 13:26:58h
me ha emocionado y la frase "mas que defender un estilo, predican una fe"... Ésta tarde va a ser muy divertida...
4 zabriskie - 15-03-2008 - 13:12:55h
que interesante y q bien escrito, gracias!!!!!
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