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   Viernes, 22 de agosto de 2008    

  Eugenio Alonso
CARLSON PALMER
LA REVOLUCIÓN DE LOS 'TAPADOS'



Señores y señoras, aficionados todos... ante ustedes el próximo número 1 del Draft para la NFL en todas las apuestas. Ni más ni menos que la joya mejor guardada por la NCAA hasta este año. Con ustedes... Carlson Palmer, quarterback de los USC Trojans y Heisman Trophy al mejor universitario del año 2002. Por supuesto, MVP de la Orange Bowl, All-American, mejor jugador atacante del año en la PAC-10 -la división de la universidad del sur de California-, y ganador del Johnny Unitas Golden Arm al mejor quarterback senior del año, entre otros premios y nominaciones.

Perdón por el comienzo pero es que no puedo hacer otra cosa que quirarme el sombrero ante este pedazo de jugador. Durante toda la temporada (y casi durante todo su periplo universitario), este QB no había destacado por encima de otros como Jason Gesser (Washington St.), Brad Banks (Iowa), o Ken Dorsey (Miami); y había estado por debajo de Byron Leftwich (Marshall), e incluso del defenestrado Dave Ragone (Louisville), en las primeras apuestas al Heisman Trophy y al Draft de este año. Y sin embargo, en uno de los finales de temporada más espectaculares que se recuerdan, el natural de Fresno, California, se ha hecho con todo el prestigio al que un jugador de la NCAA puede aspirar.

Con un récord de 11-2 este año (los últimos ocho partidos de USC se cuentan por victorias), finalmente ha completado 309 pases de 489 intentados, para 3.942 yardas, 33 TDs y 24 intercepciones. Su ratio como quarterback ha terminado, tras la victoria en la Orange Bowl ante Iowa, en un 63,2%, más de 4 puntos porcentuales con respecto a 2001, año en el que no confirmó las enormes expectativas creadas en el High School y en su primer año en Southern California (el segundo año sólo jugó 3 partidos debido a una grave lesión que le mantuvo alejado de los terrenos de juego casi toda la temporada). El caso es que ha ido toda la temporada 2002 de tapado, sin hacer grandes números pero siempre muy regular. Tras la segunda derrota del año, frente a Washington State a comienzos de octubre, todo parecía indicar que la temporada no finalizaría mejor que la anterior. Sin embargo, un gran penúltimo partido frente a UCLA y un más que enorme partido frente a Notre Dame en la última jornada de la fase regular (el que sin duda marcó la diferencia en la carrera por el Heisma Trophy), hicieron que Palmer y USC dieran la gran sorpresa de la temporada.

Ahora todo el mundo sabe que si no sale el número 1 del Draft 2003 es porque los Bengals prefieren a Leftwich o necesitan reforzar alguna otra posición. Porque desde luego no se pueden hacer más méritos para salir como primera opción. Desde luego podría hacerlo mejor que el ex Dragons Jon Kitna en la franquicia de Cincinnati. Lo que no le falta a Palmer es calidad, y así lo ha demostrado. Quizás luego llegue a la NFL y se arrugue, pero esto es impredecible ahora.

Por sus características no es QB espectacular a la hora de correr con el balón o de moverse fuera del pocket. Mide casi 2 metros y pesa poco más de 100 kilos. Sin embargo es un gran pasador y sus números así lo demuestran. Ya comenté al hablar sobre USC que junto a su abanico de receptores y corredores, formaban un quinteto demoledor. Y es que Palmer lo que mejor hace es distribuir el juego aéreo entre sus compañeros, de forma que no tiene un receptor favorito al que todo el mundo sabe que va a lanzar en tercer down y más de 5 yardas. Así fue como marearon hasta la saciedad a la secundaria de Notre Dame en el último partido de la temporada regular y como vencieron a los más que serios Iowa Hawkeyes en la Orange Bowl. En este último partido, que le valió a Palmer para confirmar su triunfo en la carrera por el Heisman, el QB de USC lanzó para más de 300 yardas, por las 204 lanzadas por Brad Banks.

Con el título al mejor jugador jugador universitario del año, Carlson Palmer se convierte en el quinto jugador de Southern California que consigue este galardón, tras Marcus Allen (1981), Charles White (1979), O.J. Simpson (1968) y Mike Garrett (1965). Esperamos verle la próxima temporada en la NFL dirigiendo el ataque de una de las franquicias que más han cojeado este año. Así, habrá múltiples sorpresas que harán de la mejor liga del mundo un espectáculo más impredecible aún, para desgracia de los analistas.


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