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   Lunes, 13 de febrero de 2012    

  Eugenio Alonso
EL FINAL DE UN SUEÑO...



A veces en el mundo del deporte, en el football también, hay días en los que todo se tuerce. Son esos días en los que no se habla de touchdowns, de jugadas increíbles, de placajes espectaculares o de lo grande que es un equipo o un jugador. Este es uno de ellos. Y de verdad que da rabia, pero todos nosotros, jugadores, entrenadores o aficionados, debemos tener presente que el football tiene dos caras. Una ya sabéis cual, la otra da hasta miedo pronunciarla: las lesiones.

Supongo que todos vosotros habréis visto la película del genial y polémico Oliver Stone, "Un domingo cualquiera". Si no, deberíais hacerlo. Yo la he visto por lo menos tres veces. Y siempre me acuerdo del lema de Tony D'amato (Al Pacino), diciendo que "un domingo cualquiera vas a ganar o vas a perder". Y es verdad. La frase es objeto de múltiples interpretaciones, y la mía es que independientemente de lo que pase en el campo, de cómo quede el marcador al final del 4º cuarto, la vida sigue. Habrá otro partido .

Pero también, un domingo cualquiera, o un sábado, o un martes, da igual, te dicen que no puedes volver a jugar al football. Ya no se trata de que tú decidas jugar o no. Se trata de que un señor con bata blanca te dice que no puedes volver a jugar porque lo que tu creías un golpe sin importancia se ha convertido en una fractura de la sexta vértebra cervical. Y entonces es como si todo se apagara y el sueño desvaneciese. Sabes que ya nunca más irás a entrenar con tus compañeros, que los días de partido no podrás hacer nada para ayudarles en el campo. Tampoco sentirás más el tacto de la coraza sobre tus hombros ni el del caso en tu cabeza. Y ninguna de las tantas sensaciones que se tienen cuando se juega al football. Posiblemente alguno conozcáis ya esta sensación. Otros la conocemos a medias. Y es, sencillamente, horrible.

Pues bien, esa sensación es la que ha experimentado hace pocos días (lo sigue haciendo, seguro), uno de esos jugadores que ya desde el instituto prometían una larga y próspera carrera. Y esta vez no se trata de un quarterback con un talento innato, o de un runningback explosivo. Tampoco de un linebacker que hace todos los placajes. Se trata de uno de esos "hombres de la línea", de los que muchas veces nadie se acuerda porque no marcan puntos o no hacen jugadas espectaculares. Un auténtico superdotado para abrir huecos y proteger a su director de ataque. Un tackle al que iban a ver ojeadores de los mejores equipos universitarios en todos sus partidos con la camiseta de los Wolverines del Woodland Hills High School, en Pittsburgh (campeones de la Quad East los últimos cuatro años). Un jugador que finalmente se había decidido por una universidad con mucha tradición en College football, Penn State.

A Brian Borgoyn, así se llama nuestro hombre, le había reservado el mítico entrenador de los Nittany Lions, Joe Paterno, en su año de freshman (primer año) en Penn State para curtirse con todos los jugadores que no tienen sitio entre los titulares. Pero no porque no tuviese nivel, sino por motivos técnicos (a pesar de sus casi dos metros, 125 kilos y un enorme potencial). Y a comienzos de noviembre sintió unas molestias en su espalda y el médico le dijo lo que ya os he contado. Así de frío y demoledor. Sin opción de respuesta.

Pero la vida sigue. Y quizás Brian Borgoyn, al igual que muchos otros, no pueda cumplir su sueño de llegar a la NFL. Sin embargo, puede establecer nuevas metas en su vida y continuar ligado al football si es lo que realmente le satisface. Y buscar la fecha de su próximo partido, aunque sea desde la banda. A los demás nos queda la sensación de que no podremos disfrutar de un magnífico jugador en el campo. Pero así es el football. Y pese a estas desgracias sigue siendo el mejor deporte del mundo.


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