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"Me
dirijo al Real Madrid y al público madrileño para dar las gracias
a este gran club, que ha patrocinado esta primera exhibición pública
del fútbol norteamericano en España. En nombre del pueblo de los
Estados Unidos y de las Fuerzas Aéreas norteamericanas de España,
hago entrega a este gran club madrileño de la Copa de Deportes Internacionales
de la XVI Fuerza Aérea, como recuerdo de esta primera exhibición
y como un símbolo de la sincera amistad que une a nuestros pueblos".
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| Nuestra
foto recoge el espectacular momento en el que los dos
equipos de fútbol americano y la banda de las Fuerzas
Aéreas se alinean frente al palco presidencial del estadio
Santiago Bernabéu. Por primera vez en España, un nuevo
deporte va a ser contemplado. Nuestro estadio registra
otra fecha histórica. |
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Estas
palabras fueron pronunciadas en el palco presidencial del Estadio
Santiago Bernabéu por el coronel Ernesto Hardin, segundo comandante
de la XVI Fuerza Aérea norteamericana, dirigiéndose a nuestro presidente,
momentos antes de iniciarse por primera vez ante el público una
exhibición del fútbol americano en España.
Si
hemos de ser sinceros, nos cuesta creer que este deporte consiga
muchos adeptos en un lapso de tiempo corto en nuestra nación. A
nuestro público no le gusta demasiado el que un juego esté parándose
continuamente y, en la mayoría de los casos, las paradas duren más
que las jugadas incluso.
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| He
aquí una 'salida' de jugada en el fútbol americano. Los
blancos que serían los vencedores van a intentar avanzar
unos metros. El jugador en último término será el que
reciba la pelota, mientras sus compañeros tratan de abrirle
un camino expedito. Esa es la estrategia fundamental de
este deporte. |
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No
obstante, es bastante comprensible que, para un público entendido
que conoce las faltas cosa más difícil de lo que parece, pues algunos
norteamericanos, verdaderos aficionados, nos han confesado que no
llegan a conocerlas todas, este deporte duro, casi violento, donde
la auténtica emoción estriba en ver conseguir unos metros de campo
a un equipo sobre otro, a pesar de la barrera humana que, sin miramientos
ni contemplaciones, pretende evitar este avance, es comprensible,
repetimos, que este fútbol contenga emoción. Todo es cuestión de
habituarse a ello.
La
demostración realizada en el Estadio Santiago Bernabéu por los equipos
de Giebelstadt base americana en Alemania y de Tours, en Francia,
sin ser un fidelísimo exponente de la auténtica categoría del fútbol
americano, sí lo fue de lo que este juego da de sí.
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| Los
espectadores permanecieron, como puede dar idea la foto,
en sus asientos, para contemplar el primer partido de
fútbol americano en España, tras el Real Madrid-Valencia.
La foto permite apreciar claramente la protección que
hacen sus compañeros del jugador portador de la pelota.
Pero no tardará en caer; la caída es continua en este
juego para hombres de músculos de acero y gran estatura.
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En
él todo sin jugadas estudiadas, a base de una protección tan decidida
como la obstrucción que el equipo contrario practica. Tienen numeradas
sus acciones, y constantemente se reúnen cuando se comete una de
las numerosísimas faltas que jalonan el encuentro, sancionada nada
menos que por cuatro árbitros con el capitán para designarla. Ya
pueden ustedes imaginarse que el conseguir esos metros catorce yardas
en un tiempo de cuatro intentos no es nada fácil. A pesar de que
se utilizan mil argucias para esconder el balón, tales como fingir
que es otro el que lo lleva, para despistar; cubrir a uno que no
tiene el balón, para distraer la atención, etc. Todo es igual. Tanto
el que lo lleva como el que no, son atacados en plancha, de tres
y cuatro metros; se les coge de donde se puede, se les tira con
absoluta despreocupación y dureza al suelo, se va a por ellos con
la cabeza gacha, protegida con un enorme casco. Mientras tanto,
las fuerzas de choque del hombre que lleva el balón tratan de limpiar
el terreno, chocando terriblemente con los que vienen a interceptar.
Si
de esta forma se ha conseguido avanzar esas catorce yardas, el equipo
portador del balón tiene derecho a otros cuatro intentos. Y así,
sucesivamente, hasta que consiguen reunir, al cabo del tiempo establecido
treinta y cinco minutos por cada parte una mayor puntuación, a que
dan derecho esos avances, que culminan al traspasar una raya establecida.
También
hay porterías sin porteros, pero no tienen excesiva importancia,
porque se puede renunciar al chut y hacer una jugada en el área,
cosa que muchos equipos prefieren. En fin, el equipo de la base
alemana fue decididamente superior al de la francesa, ya que en
la primera parte ganó por 26 puntos a 6. En la segunda se pusieron
ambos 'farrucos' y no se consiguió ningún punto.
Intervinieron unos sesenta entre ambos equipos; la formación sobre
el campo es de once siete delanteros y cuatro defensas, y la tremenda
dureza del juego justifica que sean treinta en total, pues son constantes
los relevos.
NUEVO
PARA NOSOTROS
El fútbol americano: linaje del rugby, enorme dureza, jugada estudiada
y numerada para cada movimiento, cuatro árbitros, dos tiempos de
treinta y cinco minutos y un banco de treinta jugadores relevables,
para una alineación de once, con siete delanteros y cuatro defensas.
UNA
ALEGRE JORNADA
Sin
tratar de ahondar en un meollo técnico ni en su futuro espectacular,
lo cierto es que el 'american football' nos proporcionó una alegre
jornada en la tarde del domingo 16 de noviembre próximo pasado,
histórica fecha de su presentación oficial ante el público español.
Apenas acabado el partido de 'nuestro' fútbol, la rápida, eficiente
y espectacular organización americana irrumpió en los céspedes del
Estadio Santiago Bernabéu para que unos cuantos hombres, armados
de cuerdas y botes de pintura, transformasen el terreno de juego,
marcado por las divisiones en yardas, que son clave de este durísimo
deporte. Antes, en el descanso de nuestro partido con el Valencia,
la extraordinaria banda de las Fuerzas Aéreas había exhibido su
excelente calidad, su marcialidad, su alegre fanfarria, y se había
llevado el aplauso de los espectadores cuando, tras un par de aires
que conocemos como sintonías de su cine, los americanos se desplegaron
para formar una V perfecta y lanzar al aire los sones alegres de
'Valencia', del maestro Padilla, y minutos después formaban la leta
M, de 'Madrid', de Lara, en simpático y doble homenaje a sus camaradas
del deporte español, valencianos y madrileños, que dirimían su contienda.
Tan simpático 'cayó' el gesto, que alguien saltó del público y ofreció
al superespectacular 'master' un banderín del Real Madrid, que el
americano recibió con una cortés inclinación, incorporándolo a sus
increíbles ejercicios con el bastón. Este aire cordial, llano, deportvio,
rubricó la alegre jornada, de auténtica camaradería deportiva entre
norteamericanos y españoles.
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